Cuando la mente me traiciona, y te recuerdo, pienso en ti generoso. Tú, quien no se sabe cómo tal. Pienso en ti como un intercambio breve al cruzar la calle, ambos en esquinas opuestas. Un saludo cordial, y una sonrisa inolvidable.
Congénito; disfrutando mis ideas al son de las tuyas, las opiniones vertidas sobre tu guía, ¿Quién soy si no el anhelo reflejado desde tu propia mirada? ¿Quién soy si no tu clamor por nombrarte entendido?
¿Cuándo encontraré compañía para avanzar entre senderos nocturnos? Ese alguien a quien contarle mitos, o tal vez mis inventos, con el solo fin de asustarlo.