«Hoy, gobernantes nostálgicos de viejos imperios dispensan ración cotidiana de circo, pero nos dejan sin pan. El público mira hipnotizado la farsa del poder».
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@el_pais
🎨 Fernando Vicente
🅒🅐🅣 Anna Irina Russell presenta l’exposició ‘Neix en l’aire la primera flor’ al Museu Can Mario de la Fundació Vila Casas @vilacasas
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Queridos detractores, ustedes siempre intuyeron algo pérfido en mí. Tenían razón: me nombran Bruja de honor en Trasmoz. Mientras la gente decente como vds. duerme bien arropadita, vuelo a lomos de libros, vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos.
La entrevista que Sara Plaza me hizo la semana pasada para @ElSaltoDiario. Qué bien escrita, qué bien llevada, qué rato tranquilo echamos.
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El 40% de los grandes empresarios en la Transición provenía de las élites franquistas.
Apenas 100 familias controlaban el 85% del poder financiero del Estado español.
El periodo conocido en el Estado español como la Transición (1975-1982) es un pasaje histórico lleno de sombras. Ese intervalo de tiempo se vende como una “transformación limpia” de la dictadura franquista hacia la “democracia”, pero son numerosos los aspectos que han sido puestos en entredicho; el ámbito económico e industrial, por ejemplo, no es una excepción.
Tal como recuerda el informe IBEX 35. Una historia herética del poder en España, el primer índice IBEX 35 se creó en la década de los 90, vinculado a la mesa de coordinación de las 35 empresas más poderosas del momento. Entre ellas, muchos consejeros ejecutivos procedían directamente de las más altas instancias tecnocráticas del franquismo. De hecho, entre las autoridades económicas que ocuparon esos puestos, más del 40 % provenía de las élites económicas del franquismo.
El informe subraya que, gracias a esa masiva cooptación, las élites económicas aseguraron su continuidad y la transferencia de sus redes de influencia, al tiempo que obtenían la amnistía de quienes habían consolidado su poder económico bajo el régimen fascista.
Todo ello fue posible, entre otras razones, por la concentración de capital que se produjo en los últimos años del régimen. En esos años, unas 100 familias controlaban el 84,8 % del capital bancario de todo el Estado español. De los veinte bancos más importantes del momento, dieciséis mantenían vínculos de parentesco entre sí. Impulsadas por esa concentración, las élites económicas “sacaron” al extranjero más de 300.000 millones de pesetas en forma de inversiones entre 1975 y 1977, para presionar a los gobiernos de la “Transición” a fin de que atendieran sus demandas, como posteriormente ocurrió en los Pactos de la Moncloa y otros acuerdos similares.
La transferencia del patrimonio estatal también se llevó a cabo en forma de oligopolio, mediante una desregulación controlada y privatizaciones selectivas. La empresa pública dedicada a los recursos básicos, el Instituto Nacional de Industria (INI), fue desmantelada y transformada en corporaciones como Endesa o Telefónica, que quedaron bajo la dirección de las élites económicas de la época.
Los partidos institucionales de la “democracia” acordaron estas medidas bajo la excusa de reducir el déficit público. Estas operaciones llegaron a representar hasta el 5,6 % del PIB de 1982. Sin embargo, según diversas investigaciones, esas empresas públicas se vendieron “a un precio muy inferior a su valor de mercado”.
(Texto original de Diario Socialista)
Hoy se cumplen los cien primeros años de Ginsberg y yo animo a leer especialmente su obra crítica y profesoral y, si eres un escritor incipiente y desorientado, te recomiendo este libro protagonizado por dos escritores incipientes (aunque menos desorientados de lo que parece).
Los malos estudiantes, suspendidos y repetidores han echado a las maestras valencianos de la Conselleria de educación.
Nada nuevo, una vez más la fuerza contra la razón.
Luces de bohemia, Valle Inclán. 1924.
«España es una deformación grotesca de la civilización europea», «en España el trabajo y la inteligencia siempre se han visto menospreciados. Aquí todo lo manda el dinero», «en España el mérito no se premia. Se premia el robar y el ser sinvergüenza».
Curas asesinos, Iglesia criminal.
El cura de Navarra Antonio Oña, armado con pistola y uniforme de campaña, decía a una madre que intercedía por la vida de su hijo condenado a muerte: "Mira hija, si lo matan ahora irá al cielo. Si no lo matan, volverá a la andadas y se condenará. ¿Qué mejor momento para morir que ahora que está confesado?". Fue nombrado canónigo de Pamplona y en 1956 ascendió a Obispo de Mondoñedo.
El cura de Zafra (Badajoz), Juan Galán Bermejo, capellán de la 11ª bandera del 2º Regimiento, estaba entre los asaltantes a la catedral. Descubrió a un miliciano escondido en un confesionario y lo mató con su pistola. Galán se jactaba, mostrando su pistola, de que llevaba «quitados de en medio más de cien marxistas».
El sacerdote de Calahorra (Logroño) Francisco Lajusticia vestía el uniforme de Falange con pistola al cinto.
El cura de Badajoz, Isidro Lombas (o Lomba) Méndez participó en la represión, pues elaboraba las listas de quienes aún vivían y había que detener para llevarlos a la Plaza de Toros.
El coadjutor de la parroquia de Murchante (Navarra) Luis Fernández Magaña, administrador del Conde de Rodezno era requeté y daba los tiros de gracia a los fusilados que habían sido sacados de la cárcel de Tafalla por un grupo de requetés el 21 de octubre de 1936, antes de arrastrarlos a la fosa común.
Por la sastrería eclesiástica de Benito Santesteban en Navarra, pasó a comienzos del verano de 1936, días antes del «glorioso movimiento nacional», el obispo de Zamora Manuel Arce Ochotorena, quien al despedirse de Santesteban le dijo: «Bueno, si en lugar de sotanas me envías fusiles ¡mejor que mejor! Ya me entiendes.»
El sacerdote Alejandro Martíne, le contó a Ronald Fraser para su historia oral de la guerra civil que «fue a partir de aquel día [14 de abril de 1931] cuando comprendí que nada se conseguiría por medios legales, que para salvarnos tendríamos que sublevarnos antes o después.»
Ramón Palacios García, párroco de la localidad burgalesa de Hormaza, quien se había «ofrecido» desde el mismo día de la sublevación a Falange Española «y en su doble calidad de soldado y ministro del Señor, acudió después allí donde el deber le llamaba», al frente de guerra. Cayó herido «alabando a Dios y vitoreando a España por brindarle Aquél la ocasión de derramar la sangre por su Patria». Según la crónica del Diario de Burgos del 18 de agosto, ese belicoso sacerdote se había incorporado a la «innumerable falange de mártires de la cruzada»
En Alsasua, según el testimonio del entonces párroco Marino Ayerra, los capuchinos «estaban como fuera de sí, poseídos de la exaltación de la hora mesiánica». «Hemos hablado con los requetés», declaraba el padre jesuíta Huidobro, capellán de la Legión, «que lo llenan todo de religioso idealismo, patria y hasta elegancia (...) ¡Cómo hablan de la muerte!... Este espectáculo de un pueblo que sólo sabe rezar y luchar es algo tan grande...». Y fray Justo Pérez de Urbel escribía: «¡Qué estallido de entusiasmo! ¡Qué desprecio a la muerte!”»
En Badajoz, un cura le dijo a Mario Neves (periodista portugués revelador de la matanza de la plaza de toros) que los muertos eran tantos que no era posible darles sepultura inmediata y que sólo la incineración masiva conseguiría evitar que los cadáveres se pudrieran. El 17 de agosto el cura acompañó a Neves al cementerio. Habían derramado gasolina y centenares de cuerpos ardían. El sacerdote, consciente de que el espectáculo desagradaba a Neves, se lo explicó con toda claridad: «Merecían esto. Además, es una medida de higiene indispensable.»
El arzobispo de Santiago Tomás Muniz, en una circular del 11 de noviembre de 1936 ordenaba a los párrocos que se abstuviesen «de dar certificados de buena conducta religiosa a los afiliados a sociedades marxistas». Lo que tenían que hacer los curas era «…certificar en conciencia, sin miramiento alguno, sin tender a consideraciones humanas de ninguna clase»
El coadjutor de la parroquia onubense de La Concepción, Luis Calderón Tejero, disponía de un fichero de «rojos» realizado durante la República y después de la guerra se convirtió en uno de los «informantes cualificados» del Tribunal para la Represión de la Masonería y el Comunismo.
(Texto original del blog Todos los rostros)
Una verdad que se dice poco es que casi todas las ciudades de España son feísimas e incomodísimas salvo esas dos o tres calles emblemáticas que son las que salen en las postales.
🇵🇸🇩🇪 Ciudadana alemana expone la hipocresía occidental en vivo.
“Ustedes dicen que Irán hará una bomba atómica en dos semanas… ¿por qué nunca mencionan que Israel tiene 200 ojivas nucleares?”
La doble moral es evidente: Israel tiene armas nucleares ilegales, no firma tratados y nadie lo cuestiona.
Mientras tanto, sigue masacrando Gaza con impunidad.
El mundo ya se cansó de esta hipocresía.