Por qué fracasó la campaña de Cepeda.
Cepeda va a perder la segunda vuelta. La última encuesta de Atlas confirma la ventaja de Abelardo, pero eso no es lo más grave para él. Las segundas vueltas existen precisamente porque una elección puede cambiar. El problema es que después del golpe de la primera vuelta, Cepeda no solo no corrigió, sino que profundizó en sus errores.
Hace un par de meses, cuando Mamdani ganó en Nueva York, pensé que Cepeda iba a copiar esa campaña. No me gusta Mamdani, pero hay que reconocer que su campaña fue muy buena: colores vivos, tipografías con personalidad, referencias a Nueva York, a Bollywood y a la cultura callejera. Además, una máquina digital que inundó las redes con clips de diez segundos y una capa social que volvió cool apoyarlo. El fenómeno “Hot Girls for Zohran” era absurdo, divertido y eficaz: convertía a un socialista radical en marca cultural, le quitaba solemnidad y miedo, lo sacaba del panfleto y lo metía en el feed.
Cepeda tuvo la oportunidad de hacer algo parecido. Pudo dejar de parecer una amenaza y empezar a parecer una persona. Podía humanizarse, volverse menos rígido, menos solemne, menos amargado. Pudo aparecer riéndose, improvisando, hablando de fútbol, comida, familia, música, cualquier cosa que lo sacara del libreto ideológico. Pudo venderse como una especie de Shrek (un monstruo con su corazoncito), pero dejó pasar la oportunidad.
Cepeda siguió siendo Cepeda. La misma cara larga. La misma mala vibra. El mismo tono de sermón. La misma campaña aburrida. La misma estética de poster universitario de bajo presupuesto. Sus piezas gráficas parecían comunicados sindicales diseñados con WordArt de los 90: letras de colores, fondos blancos, diseño plano, cero emoción, cero identidad. Y eso importa porque una campaña fea transmite desorden, vejez, burocracia y, sobre todo, incapacidad. Incapacidad de armar los mejores equipos y de estar a la altura de los tiempos.
Además, se quedó en la plaza pública cuando la campaña estaba ocurriendo en el celular. Siguió hablándole a los convencidos, como si su tarea fuera mantener encendida la mística petrista, y no salir a buscar votos donde no los tenía. No fue a incomodarse. No conquistó audiencias nuevas. No entró a formatos populares. No entendió que un podcast, un stream o un clip viral pueden mover más gente que diez discursos leídos en tarima.
Otro error fue creer que ya era presidente. Actuó con aire de coronación y no de campaña. La primera vuelta lo despertó de golpe, y en lugar de reorganizarse, entró en pánico y en furia. La controversia por la camiseta de la Selección Colombia fue el ejemplo perfecto. En un país emocionado por el mundial, salir a regañar a quienes se ponen la camiseta era regalarle a Abelardo el contraste ideal: Abelardo feliz, sonriente, de amarillo. Cepeda molesto, solemne, señalando con el dedo.
Despreciar a Westcol fue igual de torpe. Puede gustar o no gustar, pero su comunidad es una plaza pública digital. Es el streamer más grande de Colombia. Cepeda necesitaba entrar a ese audiencia, no despreciarla. Necesitaba hablarles a esos jóvenes, no confirmarles que la izquierda los mira por encima del hombro.
También le faltó transmitir tranquilidad institucional. La propuesta de la constituyente, el tono amenazante después de la primera vuelta, no reconocer el resultado electoral y una fórmula vicepresidencial que no ampliaba hacia el centro reforzaron el mismo miedo. Cepeda nunca logró demostrarle al país que sus temores eran infundados.
En teoría, Cepeda todavía podría remontar. Pero remontar exige una virtud que él no ha mostrado: capacidad de adaptación. Cepeda no parece un candidato dispuesto a escuchar, corregir, ceder, modularse o cambiar de rumbo. Es un político dogmático, tozudo, intransigente, rígido y encerrado en sus certezas. Y una campaña así difícilmente cambia. Por eso Cepeda no va a cambiar. Y por eso no va a ganar. Afortunadamente.
La gente que apoya a Abelardo de la Espriella no lo hace a pesar de ser un radical de derecha, intolerante, homofóbico y misógino.
Lo apoyan precisamente porque él es todas esas cosas.
Y esa es razón de sobra para no votar por él.
El ignorante y arrogante es usted, defensor de la mafia.
Acostumbrado a la adulación, a que nadie lo cuestione, a que por la plata baile el perro.
Malú, la ciudadanía, y el periodismo independiente no se van a rendir ante el therian de papel ni ante nadie.
#ColombiaSeRespeta
El monstruo no era la periodista haciendo campaña desde la revista. El verdadero monstruo es la candidata quemada volviendo a casa. Debiéndole su alma al empresario, con la amargura de un fracaso estrepitoso y ganas de cobrar venganzas. Periodismo podrido.
Madman Theory?
Trump got summits with “little rocket man” Kim Jong Un last time around, but never in all my years reporting America at war have I heard anything like this: an American president threatens to destroy a “whole civilization” and says it’ll take 100 years to rebuild.
Striking Tehran’s Grand Bazaar, Israel warning people to avoid trains and stations, Trump threatening whole power grids, desalination plants, the nation’s bridges…
Is this war still against the Iranian regime or now against a whole people?