A partir de cierto momento, depende solo de ti aprender por tu cuenta lo que nadie te enseñó, soltar los hábitos dañinos y desaprender lo que te hace mal. Quejarse de la ira, ser emocionalmente inaccesible o no saber expresar lo que sientes no deja de ser una excusa. La vida trata a todos con injusticia, aunque unos reciban más que otros. No puedes pasarla lamentándote por lo que sufriste; lo que viviste no tiene justificación, pero sí es tu responsabilidad trabajar en ti, crecer y sentir paz en tu propia cabeza.