Si me preguntan qué quiero, diré que solo quiero que piense en mí antes de hacerme daño, que entienda que el amor también es cuidado y que, cuando me duela el mundo, se quede.
Todo se resumen en quien llamas cuando sales del médico, cuando terminas ese examen, cuando te pasa algo bueno, cuando te ocurre una anécdota divertida o cuando necesitas hablar.
Me lo tomo personal, porque a esta edad uno ya sabe lo que hace, con quién lo hace y por qué. No hay excusas, los actos hablan solos y no tengo por qué minimizar nada.