La tranquilidad no llega, se busca.
La tranquilidad tiene mucho que ver con saber elegir dónde quedarte, de dónde es mejor irte y con quién compartir la vida. Que la tranquilidad al lado de alguien es un resultado, no una lotería. Cambiar lo que duele o decir “hasta aquí” tiene un precio, pero al dar el paso te das cuenta que quedarte en el mismo sitio no es gratis, de hecho, la moneda de cambio pasas a ser tú mismo. La paz en las relaciones no es cuestión de suerte sino de trabajo y, por supuesto, de exposición al miedo y al malestar de buscar lo que sabes que necesitas dejando a un lado lo que quieres en el momento. No es fácil, pero entre las cosas más valiosas de la vida la tranquilidad es una de ellas, sin duda.
Y no viene sola