Luis Enrique es el ejemplo perfecto de la fina línea entre la confianza y la arrogancia.
Hace años dijo que, sin Mbappé, controlaría todas las zonas del campo.
Que serían mejor equipo.
Dos años después, ha ganado 2 Champions seguidas.
En su día, probablemente, muchos le trataron de arrogante por decirlo.
Hoy, después de demostrarlo, es un genio con mucha confianza.
Curioso cómo esa fina línea muchas veces depende de una sola cosa:
Demostrar que tenías razón.
Primero te tachan de loco.
Luego te preguntan cómo lo has hecho.