Lo que más me llama la atención —y me deja un profundo hastío con la sociedad venezolana— no es la atención que le dan a milímetro, sino la admiración que despierta en algunos.
Milímetro no es más que un propagandista caro, que hasta hace poco le hacía canciones al Conde del Guácharo como parte de su campaña.
Este sujeto no solo carece de honestidad, sino también de seriedad. Por eso, que hoy algunos lo presenten como una suerte de conciencia crítica de la oposición es deprimente.
Que una parte de la sociedad haya decidido convertir a este influencer en referencia para el análisis político dice mucho menos de él que de esa parte de la sociedad.
Porque el problema no es quién hace la pregunta, sino qué presupuestos encierra la respuesta.
Lo verdaderamente inquietante de este debate es que termina defendiendo una idea profundamente empobrecedora de la política: no importa con quién te asocies, no importa la trayectoria de quienes te rodean, no importa la calidad moral o política de tus aliados; lo único importante es administrar de forma correcta la mentira para que no se den cuenta de ella.
Es decir, el problema no sería la unión con dirigentes cuestionados, sino que esa unión sea visible.
La discusión deja entonces de girar en torno a la verdad para concentrarse en la apariencia.
Pero una República no puede construirse sobre ese principio.
Maquiavelo comprendió como pocos que la política exige lidiar con hombres de reputación cuestionada y circunstancias adversas. Sin embargo, existe una caricatura muy difundida de su pensamiento que lo reduce a la idea de que cualquier medio es válido para alcanzar el poder.
No es cierto.
Para Maquiavelo, la conservación de la República exigía virtù, que no es más que carácter, prudencia, capacidad de juicio y disposición a anteponer el interés público a las ambiciones particulares. Cuando las élites se corrompen y la simulación sustituye a la virtud, la República comienza a descomponerse desde dentro; y para el caso venezolano, la República que ofrece María Corina —y que justifica este sujeto— está podrida antes de nacer.
Por eso el problema nunca ha sido que un dirigente haya sufrido persecución, cárcel o exilio. El problema es creer que esos sacrificios otorgan una absolución perpetua sobre sus errores políticos o sobre los daños que hayan causado.
La política republicana exige algo distinto: juicio. JUICIO. JUI - CIO.
Y el juicio obliga a examinar no solo los sacrificios de una persona, sino también sus decisiones, sus antecedentes y las consecuencias de sus actos.
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐬𝐨𝐜𝐢𝐞𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐣𝐚 𝐝𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐩𝐨𝐫 𝐥𝐚 𝐯𝐞𝐫𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐲 𝐞𝐦𝐩𝐢𝐞𝐳𝐚 𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐫𝐬𝐞 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐦𝐚́𝐬 𝐞𝐟𝐢𝐜𝐚𝐳 𝐞𝐥 𝐞𝐧𝐠𝐚𝐧̃𝐨, 𝐲𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐟𝐨𝐫𝐭𝐚𝐥𝐞𝐜𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐮 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐩𝐨𝐥𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚.
Está debilitándola. Y esto es lo que promueve milímetro y los que compran su relato y lo colocan de ejemplo digno.
¡Bendito sea Dios! ¡Hasta cuándo tanta estupidez!
Porque la diferencia entre una República y una operación de marketing es precisamente esa: en una importa la realidad, en la otra basta con controlar la percepción.
Mis recomendaciones:
Core y pliometría a diario.
Peso muerto con tu peso corporal 2 veces por semana y press de banca con 70% de tu peso corporal 2 veces por semana.
20 dominadas semanales.
1 captopril sublingual para cuando nos veamos.
Ojo que si le gana Venezuela a USA, esa euforia divina que da el triunfo de un campeonato mundial puede ser utilizado para sacar de una a todos los secuestrados de las cárceles con un solo grito. En Argentina cuando ganamos el mundial esa misma euforia la canalizamos en ir por todo y hacer los cambios necesarios para sacar al Kirchnerismo para siempre. Sería espectacular, sería histórico. #GeneraciónIndependencia
Pero no leí la misma "preocupación" de estos analistas extranjeros cuando células terroristas de Hezbollah ocuparon nuestro territorio venezolano; hecho que, claramente, tiene consecuencias en la región.
Todo aquel que llore por la “soberanía” de un Estado terrorista se convierte ipso facto en un defensor de Nicolás Maduro.
La soberanía de un Estado terrorista debe COMBATIRSE, no respetarse.
Por qué los analistas extranjeros no repudian las células de Hezbollah que ocupan el territorio venezolano, ¿o eso no es un problema para la región?
Hipócritas.
A la izquierda saqueadora del mundo no le interesa la soberanía de Venezuela, su preocupación es que se cierre el grifo de recursos para financiar sus atrocidades.
Si el Derecho internacional no puede evitar que yo sea torturado en una celda del Helicoide, pero sí protege a Maduro para que pueda seguir torturándome en el Helicoide, el Derecho internacional no sólo no me sirve de nada, sino que me está jodiendo.