A un abelardista le pueden pisotear sus derechos laborales, subirle el precio de la canasta básica, vender la soberanía del país, acabar con el agua y la naturaleza… pero está feliz porque están matando guerrilleros.
Prioridades, supongo.
la realidad es que soy súper cariñoso y atento, pero tuve que crear esta versión fría, odiosa y distante, para que ya no pensaran que pueden hacer lo que quieran conmigo