Dejé de pasarme la vida tratando de controlarme y empecé a confiar en mi misma. Solo se controla aquello en lo que no se confía. Podemos controlarnos o amarnos, pero no podemos hacer ambas cosas. El amor es lo contrario del control. El amor requiere confianza.
En ocasiones, ser valiente requiere dejar que la multitud te considere cobarde. En ocasiones, ser valiente significa fallarle a todo el mundo salvo a ti misma.
He estado sorprendida, asombrada, encantada, y a punto de estallar de alegría.
El dolor me ha recordado constantemente: Esto pasará; quédate aquí.
He estado viva.
Días como hoy, ando bien rajada ante la vida, pero recuerdo que antier mi hija con una cara así🤩, me dijo:
“Que valiente, Diana”, por sacarle su manzana que se le había ido debajo de la cama🤣, entonces vuelvo a agarrar fuerza.
La segunda: puedo usar el dolor para transformarme.
Estoy aquí para seguir convirtiéndome en versiones de mí misma más auténticas y hermosas una y otra vez hasta el infinito.
En estos últimos años, he aprendido dos cosas sobre el dolor.
La primera: puedo sentirlo todo y sobrevivir.
Lo que creí que acabaría conmigo no lo hizo. Cada vez que me decía <<no puedo soportarlo más>> me equivocaba.
La verdad era que podía soportarlo todo y lo hacía.
Yo, platicando muy entusiasmada que había ido a la marcha #8M con mi hija.
Alguien a lado de mi: “A la marcha van las que no tienen quehacer”
Ok, Bendito Dios, yo podré romper patrones con mi mujercita. 😮💨