🎤🎥 Cobertura histórica desde el Congreso Nacional sobre la desarticulación de una banda criminal que atentó contra la democracia. 🇭🇳
📸 Créditos al maestro: Johny Magallanes
La caída de Johel Zelaya estremece y casi desploma los cimientos de la estructura de impunidad en la que confiaban funcionarios y allegados al gobierno de Manuel Zelaya y Xiomara Castro. El fiscal suspendido fue su aval para robar y actuar de manera corrupta, y hoy ya no está.
Que el evento de despedida de Xiomara Castro fuera otra inauguración en un estadio resumió perfectamente cómo fue su mandato, carente de proyectos importantes y sin una verdadera refundación. En efecto, cumplió con una sola cosa: se cansó de inaugurar canchas.
La bancada electa del Partido Libre anunció que se abstendrá de las deliberaciones del próximo Congreso Nacional.
La decisión no tendría mayor trascendencia, pues nacionalistas y liberales cuentan con los votos para prescindir de Libre por cuatro largos años.
Sancionado y publicado el ilegal y espurio decreto que aprobó Libre, la situación se encamina a una crisis con potenciales consecuencias de ruptura del orden constitucional, ya que, si el Congreso Nacional no cuenta los votos, quedarían evidenciados en su ilegalidad.
Luis Redondo encarna la ilegalidad sin límites al aprobar, sin quórum ni fundamento jurídico, un dictamen que, según él, faculta al Congreso Nacional para contar votos y emitir la declaratoria de resultados electorales. Solo algunos diputados de Libre estuvieron presentes.
Desde la perspectiva de Honduras, lo ocurrido en Venezuela representa la caída de un régimen que financió de manera ilegal a un partido político y a líderes que le hicieron, y le siguen haciendo, grave daño al pueblo hondureño. Bajo esa óptica, lo sucedido es positivo.
Celebraron la extradición de JOH y aplaudieron al sistema de justicia estadounidense sin hablar de injerencia. Hoy condenan que Trump ejerza sus atribuciones para conceder un indulto.
Ruegan por visas y lloran cuando se las niegan o revocan.
Carecen de congruencia y coherencia.
Los falsos revolucionarios que se enriquecieron en el gobierno de Libre quedan expuestos una vez más. Aunque intentan restarle importancia a la revocatoria de visas, lo cierto es que evidencian su amor por el “imperio” al tramitar su visa en la misma embajada que antes quemaron.
Los mismos hipócritas y oportunistas que hoy pretenden ennavajar a Salvador Nasralla contra la cúpula del Partido Liberal son los mismos que el propio Nasralla denunció que lo vendieron en 2017 por 70 millones de lempiras.
Lo que siempre se ha manejado como un secreto a voces ha quedado públicamente al descubierto, Manuel Zelaya es quien da las órdenes al fiscal general del Estado, Johel Zelaya, y es notoria la autoridad con la que le habla.
Son comprensibles, ante esto, los delirios, las locuras, las elucubraciones y los inventos.
No es que vaya a haber un golpe, es que, en efecto, ya hubo un golpe democrático del pueblo en las urnas a un gobierno ineficiente e inescrupuloso.
El pueblo los dejó desquiciados.
Ante los diálogos entre el PN y el PL, que sumaron cerca del 80% de los votos, para resolver el conflicto electoral sin la influencia de Libre ni de Mel, Xiomara Castro denuncia un supuesto golpe en un burdo intento de perpetuarse en el poder e irrespetar la voluntad popular.
Mientras Johel Zelaya ignora graves notitia criminis surgidas de la asamblea de Libre, donde Manuel Zelaya ordena a un consejero del CNE no firmar la declaratoria electoral, insta a Xiomara Castro a romper el orden constitucional y afirma que Rixi Moncada ganó las elecciones:
El peor final posible para Libre se cumplió: terminaron arrastrándose ante Salvador Nasralla, a quien denigraron e insultaron, y a quien nunca le agradecieron que, gracias a él, llegaron al poder para enriquecerse como jamás lo hubieran logrado.
Gracias, pueblo hondureño.
Manuel Zelaya reconoce que Rixi Moncada perdió las elecciones y, en una vil maniobra desesperada, pretende declarar ganador a Salvador Nasralla, el mismo a quien se dedicaron a insultar y denigrar durante toda la campaña.
Esos cuyo único mérito en el currículum fue declararse dispuestos a “morir por Mel” para obtener un cargo en el gobierno serán los primeros a quienes no les cuadrarán las cuentas cuando les toque vivir en la llanura.
Al margen de sus triunfos y fracasos en política, es admirable el profesionalismo, la disciplina y la ética laboral de Salvador Nasralla, quien nunca dejó de cumplir sus obligaciones por motivos políticos. En Libre le envidian porque él sí puede subsistir sin estar en el poder.
Funcionarios del gobierno y activistas de Libre difunden esta imagen. Tras su categórica derrota, buscan deslegitimar las elecciones para aferrarse al poder. Nuestra democracia sigue en peligro.
Que Libre no reconozca su escandalosa derrota y argumente que fueron víctimas de Donald Trump es aberrante. El pueblo decidió soberanamente; de lo contrario, no se explicaría cómo un candidato por el que Trump pidió no votar está con altas posibilidades de ganar.