📝 How to participate at #GELS2026: ✅ 20-min presentation ✅ 1-hour workshop ✅ Keynote proposal Submit ~300-word abstract to [email protected] Deadline: 1 March 2026 (extended: 29 March for @UPM participants) #CallForPapers#HigherEd
@ANECAinfo ¿Es posible ser evaluado por el grupo 0 #interdisciplinar para la figura de #contratado#doctor?
Mi perfil es interdisciplinar y temo no recibir una valoración justa si no dispongo de esta opción.
Muchas gracias @ANECAinfo
PhD Students - Here is an example of a good discussion section.
A good discussion section should answer 6 questions.
1. What is different in your findings compared to previous research?
2. What is similar in your findings compared to previous research?
3. How different sections of your results section correlate?
4. What are the implications of your findings for practitioners?
5. What are the implications of your findings for researchers?
6. What are the limitations or threats to the validity of your findings?
Debo daros las gracias a todos los que me leéis, estos últimos meses ha aumentado un montón la gente que lee mis relatos. Sois unas personas maravillosas. Muchas gracias
Si tu Gmail tiene el almacenamiento lleno haz esto AHORA.
Si tu cuenta de Gmail ha alcanzado su límite de almacenamiento, es crucial actuar de inmediato, ya que no podrás enviar ni recibir nuevos correos electrónicos.
Debes liberar espacio eliminando correos grandes con archivos adjuntos, vaciando la papelera y el spam, y borrando fotos/videos antiguos en Google Photos y archivos pesados en Google Drive.
- Copia y pega estos filtros de búsqueda:
filename:pdf larger:10mb
older_than:1y has:attachment
filename:mp4
filename:zip
filename:docx
Seleccionar → “Seleccionar todas las conversaciones” → Eliminar.
- Limpia Google Fotos
Abre Google Fotos
Menú → Utilidades → Revisar elementos
Elimina videos antiguos, copias de seguridad de WhatsApp, capturas de pantalla aleatorias, memes y grabaciones de pantalla.
- Borra el correo promocional
Gmail → Configuración → Ver todos los ajustes
Bandeja de entrada → Activar promociones
Guardar cambios
Luego, busca: category:promotions → Seleccionar todo → Eliminar.
Tu bandeja de entrada principal se mantendrá limpia para siempre.
Domina la IA... Domina el Futuro.
Mira https://t.co/iiqlGlGSQu mis recursos gratuitos, desde cursos a ebooks, prompts, noticias IA, tecnología...
La IA no te reemplazará, pero quien use IA sí lo hará.
La palabra Rubicón tiene su origen en la historia de la antigua Roma. El Rubicón era un río en el norte de Italia que marcaba el límite entre la provincia romana de la Galia Cisalpina y el territorio controlado directamente por Roma. El término se hizo famoso debido a Julio César.
En el año 49 a.C., César cruzó el Rubicón con su ejército, lo cual era ilegal según la ley romana. Al hacerlo, pronunció la famosa frase “Alea iacta est” (“La suerte está echada”), indicando que había tomado una decisión de la que no había vuelta atrás. Este acto desató una guerra civil que finalmente lo llevó al poder.
Debido a este evento histórico, “cruzar el Rubicón” se ha convertido en una expresión que significa tomar una decisión irrevocable, donde no hay posibilidad de retroceder, y que tendrá consecuencias importantes.
Nunca pensé que un hijo pudiera romperte el alma sin levantar la voz. Pero el mío lo hizo. Y aún hoy no sé cómo perdonarlo del todo.
Me llamo Daniel. Tengo 63 años. Fui padre joven, trabajador, duro a veces, cariñoso otras, pero siempre presente. Mi hijo, Thiago, era mi orgullo. Lo llevaba al colegio en moto, le enseñé a nadar, a usar herramientas, a defenderse sin violencia. Durante años pensé que lo estaba haciendo bien.
Pero cuando cumplió diecinueve, algo cambió. Se volvió distante, hosco, siempre enfadado. Yo trabajaba turnos dobles en la fábrica y hacía lo posible por hablar con él, pero me respondía con monosílabos. Pensé que era la edad. Pensé que pasaría. No pasó.
Un día llegó a casa la policía. Golpearon la puerta y preguntaron por él. Yo me quedé helado. Dieron su nombre y el de dos amigos suyos. “Sospecha de robo con agresión”. No me cabía en la cabeza. Mi hijo, que había crecido conmigo en un hogar humilde pero honrado, metido en algo así.
Cuando salió la verdad, fue peor de lo que imaginé.
Había participado en un atraco a un comercio. No fue quien golpeó al dependiente, pero estuvo allí. No llamó a nadie. No frenó a nadie. Solo… estuvo. Esa simple palabra me persiguió tanto como el delito.
El juicio fue rápido. No me gustó cómo me miró cuando lo esposaron. No había miedo. No había arrepentimiento. Solo rabia. Rabia hacia mí. Como si yo fuera el culpable de su decisión. De su caída. De su vida.
Lo visité en prisión durante dos años. Dos años de silencios, de discusiones, de miradas duras. Yo le hablaba de cambiar, de estudiar, de aprovechar el tiempo. Él contestaba que “ya era tarde para todo”. Lo escuchaba hundirse más y más dentro de una identidad que no era la suya, pero de la que no sabía salir.
La última vez que lo vi allí, me dijo algo que me quebró:
—Tú tienes la culpa de que yo esté aquí. Nunca fuiste suficiente. Nunca fuiste un buen padre.
Me quedé sin aire. Sin palabras. Sin cuerpo.
Yo, que había trabajado toda mi vida para que a él no le faltara nada. Yo, que había renunciado a mis propios sueños. Yo, que aún sostenía la esperanza de recuperarlo.
Ese día dejé de visitarlo.
No porque no lo quisiera. Sino porque entendí que seguir yendo era permitir que me triturara cada quince días. Acepté que el amor no siempre salva. Que a veces solo desgasta hasta dejarte vacío.
Un año después salió en libertad. No volvió a casa. No llamó. No escribió. Vivía con amigos, buscaba trabajos temporales, y seguía teniendo esa mirada que no reconocía. Esa mezcla de desconfianza y dolor enquistado.
Hasta que una madrugada, a las tres de la mañana, sonó el teléfono.
Era él.
—Papá… —dijo con una voz que no le había escuchado desde que tenía diez años—. No tengo a dónde ir.
Tardé diez minutos en llegar a donde estaba. Lo encontré sentado en un bordillo, temblando. No de frío. De vergüenza. De cansancio. De vida.
No hablamos mucho esa noche. No hacía falta. Lo llevé a casa. Le preparé comida. Le di una manta. Y mientras él dormía en el sofá, yo me quedé despierto pensando en todo lo que habíamos vivido.
Hoy, seguimos caminando paso a paso. A días hablamos. A días no. A días me pide perdón. A días me evita. Pero aquí está. Y mientras él quiera construir, yo voy a estar. No para salvarlo. Sino para acompañarlo.
Porque ser padre no es tener siempre la razón. Es tener siempre un lugar al que un hijo pueda volver cuando ya no puede más.
Historia que nos envía un seguidor anónimo – Narrada por Ankor Inclán