Comunicado oficial con nuestras aclaraciones sobre el comunicado oficial de nuestros vecinos @realmadrid:
1. Se os cortó el vídeo del Papa donde decía que también era del Atleti.
2. Habréis confundido la educación con agradecimiento, pero para que no haya dudas: no os agradecemos nada.
3. Ni estudiamos ni valoramos ninguna oferta por Julián.
4. Cómo no nos vamos a llevar bien, si nos hacéis reír aún más que el @FCBarcelona_es.
P.D. Aprovechando la buena relación con vuestro nuevo presidente, a ver si dejáis de 'robar' jugadores de nuestra Academia. ¡Muchas gracias, @realmadrid!
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¿Libre para hablar? Sí. Pero prepárate para pagar el precio
Una de las grandes confusiones de nuestro tiempo es suponer que porque alguien puede hablar en público, automáticamente está exento de censura.
Broncamo: “¿Cómo puedes decir que no puedes hablar si lo estás contando en el programa con más audiencia?”
Este mantra lo repiten como si la libertad de expresión consistiera en que te presten un micrófono y no en que puedas usarlo sin que te crucifiquen después.
Lo que no entienden es que no es lo mismo poder hablar que poder vivir con lo que dijiste.
La libertad no se mide por las declaraciones, sino por las consecuencias. Puedes decir lo que piensas, claro. Pero atente a las represalias.
Un despido fulminante, el linchamiento digital, la cancelación de contratos, la inclusión en la lista de los fachas, el aislamiento profesional o la expulsión del gremio. ¿Eso es libertad? No. Eso es un chantaje emocional, un “dilo si te atreves”.
Vivimos en sociedades donde la censura ya no necesita comisarios políticos ni ministerios de propaganda.
Hoy, quien censura tiene el control del relato y de las plataformas, y muchas veces no es el Estado, sino un enjambre de periodistas militantes y sectas emocionales que se organizan en red para castigar al disidente.
No hacen falta leyes mordaza si tienes una multitud de inquisidores voluntarios trabajando gratis por su dosis de virtud.
La llamada "cultura de la cancelación" es eso, una versión posmoderna del linchamiento público, revestida de moral progresista y ejecutada con precisión milimétrica.
No importa cuán famoso seas. De hecho, cuanto más alto estás, más suculenta es tu cabeza. La idea de que alguien no puede estar censurado si es famoso es tan absurda como decir que un empresario millonario no puede estar en la cárcel.
El poder mediático no protege, expone. Y cuando la ideología dominante dicta sentencia, te crucifican en prime time con una sonrisa y con aplausos.
La paradoja es esta, se permite hablar para que todos vean lo que pasa cuando hablas. Se pone el ejemplo para que el resto se calle. El miedo se propaga por contagio.
Y así se impone el silencio, no desde el castigo legal, sino desde el terror social.
El resultado es una sociedad formalmente libre pero emocionalmente aterrorizada, donde todos piensan lo que no se puede decir, y repiten lo que no creen para no quedarse solos.
La libertad de expresión no está en poder gritar. Está en saber que no te van a cortar la lengua después. Y hoy, muchos prefieren callar. Porque no hay mayor victoria del poder que lograr que te autocensures sin que nadie te lo ordene.
En una semana, hemos pasado de “no es para tanto, no era tan menor, tenía 16 años” a “ingratos y animales que no han respetado un minuto de silencio”.
Salta a la vista…
Diez años han pasado de uno de los días más felices de mi vida. Mi vuelta a casa, un reencuentro entre atléticos, una mañana que no olvidaré porque todavía no me habéis explicado por qué me queréis tanto… Aúpa @Atleti