Nadie te dice que algunos de tus logros más importantes ocurren en silencio. Sin fiesta. Sin publicación. Solo tú, de pie en tu cocina , dándote cuenta de que por fin te sientes bien.
Qué raro es tener 24 años y sentirse como si tuvieras 21... Hasta que hablas con alguien que en realidad tiene 21 y de repente te sientes como si tuvieras 45.
Nadie habla del primer chico que te trata como mereces y luego cambia por completo, hasta convertirse en alguien que desearías no haber conocido nunca.
No nací para lo casual.
Te bañaría si algún día no pudieras hacerlo, pondría una alarma para recordarte tus medicinas, te llevaría el desayuno a la cama cuando no tengas fuerzas para levantarte y te dejaría el último bocado, incluso si es mi comida favorita.
Durante años creí que nuestra historia había sido amor porque dolía. Porque me había marcado. Porque me había dejado huellas profundas en el cuerpo y en la memoria. Pensé que el sufrimiento era prueba de intensidad, y que la intensidad era sinónimo de amor..
A él le gustaba el mar, siempre me hablaba de él y lo mucho que gustaba, quería vivir en algún punto en el y bueno yo lo llevo conmigo siempre y cuando voy al mar es inevitable acordarme de él.