Incluso en su agonía ("Señor, por qué me has abandonado"), sabe consolar al ladrón crucificado al lado y a su madre, que desde entonces lo es de todos nosotros.
Será traicionado, apresado, negado por sus amigos, acusado de blasfemia (¡Él!) y de sedición. Condenado al fin a morir crucificado. "Perdónalos, no saben lo que hacen"