Estimada señora @_anaredondo_
Estimada señora @SaizElma:
Dado que han tenido a bien mencionarme públicamente, como si de alguien importante se tratara, permítanme responderles directamente.
No, no es machista criticar una gestión pública. Mucho menos lo es hacerlo desde la ironía, un noble arte cultivado en lengua castellana desde tiempos de Lope de Vega y Quevedo. Lo que sí es inaceptable es descalificar a quien señala carencias evidentes del sistema, en lugar de asumir responsabilidades.
Soy autónoma. Pertenezco a ese colectivo que, como bien sabe la señora Saiz, ha sido históricamente ignorado y, en este caso concreto, directamente insultado.
La administración no ha hecho sus deberes. Hoy, los autónomos en España no tenemos derecho al subsidio para mayores de 52 años; al 60 % de nosotros se nos deniega el cese de actividad; no tenemos permiso de lactancia, ni permisos retribuidos por fallecimiento de un familiar o por causas climatológicas.
Señora Redondo, ¿cómo explica usted que una mujer autónoma no tenga derecho al permiso de lactancia? ¿No debería ser esto una prioridad para alguien que dice defender la igualdad?
Señora Saiz, ¿cómo se justifica que, pese a que la ley establece que los autónomos deben cotizar en función de sus ingresos reales (cosa que hacemos), la administración incumpla su parte del acuerdo y no iguale nuestra protección social a la de los asalariados? ¿Cómo se explica que seis de cada diez solicitudes de cese de actividad sean rechazadas?
España es el país que más crece entre las economías avanzadas, dicen ustedes. ¿De verdad lo notan los autónomos? No. Ni los autónomos ni las familias lo perciben. Lo notan ustedes, con sus sueldos públicos, sus sofás su moqueta y su despacho. Y lo notan unos pocos privilegiados que se están llenando los bolsillos.
Mientras tanto, cada día se nos imponen nuevas trabas, nuevas ocurrencias. Un ejemplo claro es el del registro horario. ¿Quién piensa en su viabilidad para un trabajador por cuenta propia?
Resulta aberrante que desde sus cómodos despachos, y encaramadas en sus zapatos caros, hayan decidido señalar a una particular que jamás ha recibido una subvención, y que la hayan criticado simplemente por expresar una crítica. Y que hayan tenido la desfachatez de aludir encima al sobado comodín del machismo, reduciendo al machismo, una lacra real, a una broma de salón
Señora Redondo, su preocupación debería estar en otro lugar:
En los agresores de mujeres que hoy se encuentran en cárceles femeninas.
En los fallos de las pulseras antimaltrato.
En los casos en que una mujer pide una orden de alejamiento y se le niega porque su agresor se ha autoidentificado como mujer.
En los,al menos, 177 casos de presunta malversación de fondos públicos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género bajo su mandato.
Llamar “machista” a una mujer crítica con su gestión no solo es deshonesto, sino propio de regímenes autoritarios, donde cualquier crítica es vista como amenaza, donde el que alza la voz es expuesto, censurado o ridiculizado. Donde el clavo que sobresale recibe el martillazo.
Señora Saiz: machista es no defender el permiso de lactancia para las mujeres.
Señora Redondo: machista es no reconocer que ser mujer no es una cuestión de autoidentificación, sino de vivir una realidad social marcada por la desigualdad estructural.
Machista es no defender a las mujeres maltratadas ni garantizar su protección efectiva.
No tienen ni idea de lo que es el machismo. Y cuando alguien se atreve a decirles las verdades a la cara, reaccionan con difamación, con desprecio, y con abuso de poder.
Ustedes no quieren ayudarnos a construir ni planificar un futuro digno: solo buscan arrinconar a todo un colectivo.
Lo que exigimos es justo:
Una cuota adaptada a los ingresos reales. Protección social equiparable a la de cualquier trabajador asalariado. Una vida digna. Respeto.
Respóndame también a esta nota, si tanto les intereso