Todo el mundo odia a los abogados hasta que el “amor de su vida” les quiere quitar más de la mitad de sus bienes o les llega un citatorio de la Fiscalía.
Nunca te acostumbras a la presión, pero aprendes a transformarla en impulso. Las expectativas no son una carga: son un privilegio. Lo verdaderamente preocupante sería que nadie esperara nada de ti.