@xTR34CHERY obligándola a girarse y señalarse los labios con el índice.
—¿Y el de aquí? Uno solo, no quiero que me digas avariciosa. —Como si no lo fuera, sobre todo con su marido, a quien asiente invitándolo a ayudar—. Llegas en el mejor momento, estaba por empezar a cocinar un ›
@LiarInCharge la frente y suspira hondo antes de continuar.
—Sí, es cierto. Fue algo completamente imprevisto. Sin invitados ni fastos, apenas un divino trámite. Imagino que estás decep… atónito. Lo comprendo.
@LiarInCharge —Thomas, ¿todo en orden?
No necesita oír la respuesta; sabe bien que, para él, no lo está. Le asombra incluso que la haya llamado, así que piensa exprimir aquella charla al máximo. Nunca se sabe si podría ser la última, y no piensa permitirlo ni muerta.
Se lleva una mano a ›
@xTR34CHERY y media; aún no ha preparado el desayuno. Sin levantarse, se inclina para besarle la frente y le acaricia la mejilla.
—Espero que tanta charla de hijos no te haya quitado el apetito. Bajaré a hacer algo rico para empezar bien el día. ¿Qué te gustaría comer?
@xTR34CHERY ¿Te costará? —alza la mano en el aire para remarcarlo y la deja caer sobre el acolchado—. No tienes idea. Pero eso es lo esencial, que comprenda que quieres darle algo más valioso que un simple fajo de billetes. Que vea tu esfuerzo.
El reloj de su mesita de luz marca las ocho >
@xTR34CHERY creer.
—Vamos por partes: ¿cuál es, en el fondo, la razón de su repentina aparición? ¿Quiere que le pagues los años ausentes o simplemente busca una figura paterna? Porque, por lo que dejó entrever en nuestra charla, parecía más empeñada en cobrar que en otra cosa.
@xTR34CHERY Ahora entiende por qué lleva el apellido Callaway, y descarta la hipótesis que le parecía más sensata: la de una pariente lejana, quizá una prima segunda. Lentamente se incorpora en la cama, rascándose el cabello, gesto que suele ayudarle a pensar, o al menos eso prefiere >
@xTR34CHERY madre ya no ostente el renombre paterno. Los quince, pronto dieciséis en noviembre, solo agudizan su resistencia.
Con el índice y el pulgar frota los párpados. Últimamente le cuesta horrores salir de la cama, del refugio que le ofrece Winston.
—¿Sabes? El otro día me crucé >