Con solo 24 años escribió una novela que escandalizó a todo Japón, ganó el premio literario más importante del país y vendió tres millones y medio de ejemplares, y durante medio siglo Ryu Murakami vivió a la sombra de un apellido que el mundo entero asociaba con otro escritor.
Hoy sabemos que Ryu Murakami murió en su casa el pasado sábado 17 de octubre, a los 74 años. Lo anunció su editorial, Gentosha, que explicó que el funeral ya se había celebrado en la intimidad, por deseo de la familia. En un comunicado conjunto con su oficina, la editorial dijo estar profundamente consternada por la marcha prematura de un escritor que siempre publicó obras provocadoras para las generaciones más jóvenes.
Nació en 1952 en Sasebo, en la prefectura de Nagasaki, una ciudad que creció alrededor de una base militar estadounidense. Más tarde vivió cerca de otra base, la de Fussa, en Tokio, y de aquel mundo de soldados, música y jóvenes sin rumbo salió el libro que le cambió la vida.
En 1976, cuando todavía estudiaba en la Universidad de Arte de Musashino, publicó “Azul casi transparente”, el retrato descarnado de una juventud perdida entre drogas y sexo, contado con una crudeza que la literatura japonesa casi nunca se había permitido. Ganó el Premio Gunzo y el Premio Akutagawa, y aquel estudiante se convirtió de golpe en una figura literaria con solo 24 años.
Casi al mismo tiempo apareció otro joven escritor con su mismo apellido, Haruki Murakami, y la prensa japonesa empezó a hablar de “los dos Murakami”. Con el paso de los años uno se convirtió en un fenómeno mundial y eterno candidato al Nobel, mientras que el otro eligió los rincones más oscuros de la sociedad japonesa para contarlos sin anestesia.
Sus libros recibieron algunos de los premios más prestigiosos de Japón: “Los bebés de la taquilla” ganó el Premio Noma a autores noveles, “Sopa de miso” el Premio Yomiuri y “Parásitos” el Premio Tanizaki. El cine fue a buscarlo una y otra vez, y su novela “Audition” se convirtió en una de las películas de terror japonesas más perturbadoras y veneradas de su época.
Él mismo se puso detrás de la cámara para dirigir adaptaciones de sus propias obras, como “Azul casi transparente”, “Topaz” y “Kyoko”, porque nunca se conformó con un solo lenguaje para contar lo que veía.
Y entonces hizo algo que nadie esperaba de un escritor maldito: durante unos 20 años presentó “Cambrian Palace”, un programa de economía de TV Tokyo en el que entrevistó a más de mil empresarios. El autor que había retratado a los jóvenes perdidos de su país se sentaba cada semana frente a los hombres que dirigían ese mismo país, para tratar de entender cómo funcionaba por dentro.
En 2015 confesó que estaba cansado de criticar a la sociedad, pero añadió que seguiría haciéndolo en sus novelas, y cumplió: su último libro, “YouTuber”, lo publicó en 2023, con más de setenta años, hablando todavía de los jóvenes y de su tiempo.
Este año, cuando dejó la presentación del programa, se despidió con una frase que hoy suena a epitafio: “Los escritores no mueren. Simplemente se van.”