Por supuesto. Ya eres lo bastante mayor —y, lamentablemente, también has sido lo bastante afectada— como para que no me carcoma la idea de ponerte en perspectiva el pasado de nuestro reino.
Psh, perdóname por no rascar información sepultada, supongo. De todas formas, una hija debería escucharlo correctamente de la boca de su propia madre, ¿no? …Sin necesidad de perderla una ocasión al medio de todo, pero lo omitiré solo por hoy. De nada. Puedes contarme. Supongo.
¿No lo sabías? Asumí que... no, de hecho, tiene demasiado sentido que lo desconocieras hasta ahora. Nuestro anterior rey, el padre de Chrom, nunca dudó en bañar sus armas en sangre. De ahí nuestro conflicto con Plegia.
(...)
Gracias.
¡HE DICHO CHITÓ…! Disculpa, ¡¿qué?! ¡¿Y este trozo de historia de la “magnáaanima…”!? Aah, que diga… de mi árbol genealógico, ¿CUÁNDO se me informaba? Toda la historia de eso se vio tragada.
…
Hmf. Voy.
¡HE DICHO CHITÓ…! Disculpa, ¡¿qué?! ¡¿Y este trozo de historia de la “magnáaanima…”!? Aah, que diga… de mi árbol genealógico, ¿CUÁNDO se me informaba? Toda la historia de eso se vio tragada.
…
Hmf. Voy.
Severa, yo también perdí a mi madre siendo muy joven. Aquella guerra años atrás se cobró muchas vidas preciadas.
...
Pues si puedes ir a comprar algo de leche, me vendría de maravilla.
En la esquinita, CALLADITA, te ves más bonita, ¡a con la enana esa que haces llamar yo! … ¿Ocupas ayuda o algo? Digo, de paso. Para darlo por zanjado y nada más.
—"Misión en misión". Aunque digas que lo haces por mí, porque sé que viene con amor… No vale. ¡Te lo está pidiendo tu hija que sí sabe hablar! Así que ve allá y manda a todo el que se interponga de paseo. ¿Sí?
acercó, tomó los hombros de Cordelia y le dio la vuelta. La mercenaria recargó su frente en la espalda de su madre, haciendo esto una clase de abrazo que ocultaría su expresión.
—Quiero que te des un descanso. Pasa el día con ella… reposa tu cuerpo de siempre andar de:
—Asumo yo, no te olvidaste de la criatura berreante que tienes allá en casa.
(Ella. Ella, pero pequeña. Que la existencia le dio una epifanía nada agradable).
—Como mi regalo más preciado, madre, seré tan estricta, como agradecida contigo.
En ese mismo plan sobrio, se -
—Si alguna vez voy al extranjero, pues igual y le doy un intento. O hasta presiono a Lucina para que me dé una excusa, ¡quién sabe! —tomándola entre sus manos, soltó una risita apenas marcada, pero genuina—. Hmm. Pero…
hasta allí, por favor.
—Yo… bueno, no sé qué decir. ¡Obvio que te iba a costar caro! No sé de dónde piensas que yo debo usar esto, de entre todas; ¡a saber si "Chrooom" no me riñe por suplantación de identidad!
Suspiró.
—Pero… he de admitir que es sumamente bonita.
—Gracias, madr-
…Pero esa aclaración la hizo voltear, pelando la mirada.
—Espera, ¿para *mi* obsequio? —ya desprendida de su apatía defensiva, se asomó a la cajita, parpadeando—. ¿Estás… estás tratando de hacerme una princesa, o algo así?
Que la obsesión no haya llegado -
Severa, de inicio, apretó su brazo y apartó la mirada; ni tan dolida, solo fingiendo demencia mientras el desinterés se quedaba en sus cortas frases:
—Aah… Ajá.
"Terminando de emprender misión tras misión". Mhm. Después de esta experiencia, suena como ella, sí…
—Estaba terminando de emprender una misión tras otra para reunir el dinero suficiente como para hacerte un regalo a la altura—arguyó, debatiéndose en su tono entre la pena y el orgullo—. Ojalá te guste. Cuando la vi, supe que debería ser tuya.
Su regalo no fue el primero, eso va a lamentarlo bastante. Pero para sus adentros. Lo mínimo que merecía su hija en aquel día era toda la gratitud que pudiese rodearla.
—Feliz cumpleaños, Severa. Discúlpame por no haber estado apenas presente estos días.
▼
—Es… lo llevaré siempre conmigo, que lo sepas.
Una vez lo tuvo entre sus dedos, lo presionó hacia su pecho, ahora hablando entre labios.
—Porque es fácil de llevar y todo eso.
la alianza de su difunta madre, el dinero que ha guardado con tanto esmero…
Pero, pese a retratarlo como una supuesta molestia, lo que hace Severa es sonreír a la idea de llevar aquel nuevo regalo.
—Pero me faltaba uno exactamente tuyo, parece ser. Gracias, madre.