Tras asegurarse de que no había nadie en los pasillos, Valaena se inclinó para besar la mejilla de su primo, @LORDC0MM4NDER.
—¿Cuánto tiempo llevas de guardia?
@LORDC0MM4NDER —Podríamos ir al observatorio de astronomía, pero tal vez haya gente —respondió, deteniendo la conversación unos segundos que dedicó a hilar idea tras idea—. Aunque ir al claro del bosque tampoco parece mala idea, lo que más te apetezca. Si estás muy cansado tras la guardia,
@BODYGUARDGACY una de sus manos, señalando la nada que los rodeaba por si prefería irse que quedarse con ella—. Debes saber que solo quería tu compañía y conversar un rato, ser Alester.
@BODYGUARDGACY arqueando las cejas y uniendo sus manos a la altura del vientre en una postura más sobria—. No soy mi hermano, siempre he preferido la diplomacia; no te obligaré a compartir mesa conmigo y, aunque has despreciado mi invitación, no tomaré tu insubordinación como un insulto —alzó
@LORDC0MM4NDER —Por supuesto —aceptó, asintiendo una vez con la cabeza antes de emprender el rumbo a ningún sitio en concreto; en realidad con saberse acompañada por él era más que feliz—. Hace buena noche de primavera, podríamos observar las estrellas un rato.
@LORDC0MM4NDER —Acabo de cenar con mis sobrinos, ajusta cuentas —deslizó su mano por su brazo hasta acariciar apenas sus dedos con disimulo—. Pero no te preocupes, vengo a amenizarte el trabajo un rato, Ray.
@RHAENADREAM entrenamientos?
Valaena no bebía casi nunca: ni siquiera lo hacía en celebraciones. No obstante, desde que los sueños de dragón la atormentaban con más frecuencia, no había encontrado una forma mejor de mantenerse con energía que sucumbir al vino en momentos de urgencia.
@RHAENADREAM sentándose cerca de la mesa en la que había dejado la bandeja con el vino.
—Terminémonos la jarra, Rhaena. Ven, siéntate; tenemos toda la tarde por delante, y no dudaré en usar mi espada si nos interrumpen —bromeó—. Hablando de espadas, Rhae, ¿qué tal tus
@LORDC0MM4NDER tú lo montas? —masculló con rapidez, cruzándose de brazos.
Por suerte, dos cosas jugaban a su favor: la túnica era holgada y ocultaba sus suaves curvas, y sus manos, fruto de los entrenamientos como escudera, estaban ásperas y magulladas.
@LORDC0MM4NDER —No, no —negó con la cabeza en repetidas ocasiones, manteniendo la sonrisa intacta y ancha en sus labios—. Yo nunca te sobornaría, Raymont. Tómalo como un aliciente por tu esfuerzo en estos tiempos que corren.
Arqueó las cejas, dando un
@LORDC0MM4NDER Valaena temía seguir siendo reconocible ante ojos atentos.
—A falta de barro en la cara… —dio una vuelta lenta sobre sí misma para que el comandante apreciara el conjunto—, ¿añadirías algo a tu escudero, Ray? ¿Te llevo yo la espada? ¿Las riendas del caballo mientras camino y