@FXRSTMXRDXR — ¡Umpgh... ay!
Se queja con una mueca muy arrugada e infantil, síntoma directo de que el chico sigue siendo, en el fondo, un niño.
— ¡Ay, quita!
Le da un pequeño manotazo antes de aferrarse nuevamente a su cintura con aquella sonrisa entusiasta.
— Entonces yo te cuida a ti.
@FXRSTMXRDXR — ¡Umpgh... ay!
Se queja con una mueca muy arrugada e infantil, síntoma directo de que el chico sigue siendo, en el fondo, un niño.
— ¡Ay, quita!
Le da un pequeño manotazo antes de aferrarse nuevamente a su cintura con aquella sonrisa entusiasta.
— Entonces yo te cuida a ti.
— ¿No es rubio?
Se ríe entre dientes, metiendo un poco la cara para hacer un montón de pompas. Después de soltar todo el aire la saca con una sonora carcajada.
— ¿¡Has escuchado eso!?
Y vuelve a repetirlo. Parece estar disfrutando enormemente del baño. Y encima está calentito
— Te lo dije.
En el tono casi cantarín se adivinaba la sonrisa que tenía en los labios, la primera en un rato que, pese a no ser tan largo, se le había hecho eterno. Como si una parte del universo hubiese sido alterada.
Que el Cielo había tratado a Abel de forma cruel era algo+
Oh no, que se lo pierde. Se apresura a meterse dentro, intentando agarrarse bien para no tropezarse. Qué sensación más rara... pero es muy, muy agradable. Las mejillas del chiquillo se sonrojan un poco.
— ... hala...
Chapotea tímidamente con las manos.
— Tienes razón...
— Perdón, perdón.
Le salpicó algo de agua a la cara para distraerle.
— No te vas a hervir, no está tan caliente y no eres un cochinillo, ni un espagueti. Además... De tanto hablar ya se está enfriando.
— ¡Aaagh! ¡Qayin... aaaaaammgmgmgh... !
Se retorció en disgusto.
— ¡Ahora no voy a poder dejar de pensar en ello!
Hasta que cualquier otra cosa le estimule como para olvidarse hasta de qué quería hacer inicialmente.
— ¿Y si me aso como un cochinillo... ?
— Por lo que he oído, la carne humana sabe parecido al cerdo —bromeó antes de entrar en el agua—. Anda, ven, no te vas a convertir en comida. Confía en mí.
Caín nunca había sido especialmente amigo de las reuniones sociales. Pero aquel día agradecía todas y cada una de las +
< Qué dicha la de no ver en estos instantes... quizá sea lo mejor.
— Qayin... está caliente de verdad. ¿Qué pasa si nos convertimos en comida? Yo no sé si sabré muy bien.
Ojalá hubieran sido solo flagelos. Para el padre Elías, eran sus plegarias para que todos sus pecados fuesen perdonados. Porque tenía que purificar todas y cada una de las desgraciadas manchas que rodeaban a su alma y lo hacían perfecto. Porque él tenía que ser PERFECTO. >
El mayor rio, el pequeño descubrimiento de Abel, su tono sorprendido, le ayudaba a no pensar en todas las viejas heridas que marcaban su espalda.
Ese patrón era de un flagelo, ese otro... No. Nada de centrarse en eso.
— Hacia la derecha es agua fría, a la izquierda caliente...+
< que tenía que mover una... "manivela" o algo del estilo, salía agua pero...
¿Sale también agua caliente?
Brillante cara acaba de poner.
— ¡Pero eso es para cocinar, Qayin! ¡No, no, te vas a hacer daño!
— Se te van a caer los brazos por bañarte en agua... espera.
Su cerebro acaba de explotar, un segundo.
— ¿El agua está caliente? ¿¡Cómo!?
Lo mejor de todo esto es que él no contemplaba esta posibilidad. Se ha bañado solito todo este tiempo y, después de que le explicaran >
Iba a explicarle cómo funcionaba aquel artilugio cuando el mar de heridas le quitó el habla.
Tuvo que apretar los dientes. Contar.
Wahid, iznan, zaláza...
Iban a pagar por esto.
Alef, bét, guimel.
No era el momento de pensar en ello
Uno, dos...
— Vaya, eso tiene mala pinta...+
< vérselas? Aquellas marcas y cortes ya sanados narran una historia horrible... de las cosas por las que el pequeño ha tenido que pasar en silencio, solo, estos diez mil años. Un secreto que se acaba de confesar, de manera accidental, a Caín.
— ¡Los colores no se leen, tonto!
... Abel, lo que no sabes es que el tonto eres tú. O más bien un bobo sin remedio. Se cuela dentro del dormitorio de su hermano, empezando a desvestirse.
— ¡Ay... !
Se queja cuando se mueve un poco, por un raspón en la rodilla que se hizo >
— ¡Pues aprende!
El mayor se había dado prisa en elegir sus propias cosas y comenzar a llenar la bañera. Pero su hermano seguía siendo más rápido.
— Tienes mejor oído que Hearth... —respondió mientras iba a abrir la puerta—. Anda, pasa. Bonita camisa, recuérdame que la +
< ayer. Pero quizá, de todas sus marcas, esa sea la menos llamativa. Por alguna razón, por primera vez, Abel destapa su cuerpo delante de alguien, ignorante de que es todo un lienzo de los horrores. ¿Pero qué puede saber un niño ciego de cicatrices, cuando no puede >
— ¡Pero no sé... Qayin!
Refunfuña cuando se ve abandonado frente a su dormitorio. Huh... elegirá lo que sea, se guiará por el tacto... para ponerse esa camisa tan gruesa que tanto le gusta y que tanto le tapa del frío. Se reúne con su hermano mayor cuando tiene todo entre >
— Y yo a ti.
Y le encantaría que todo fuese tan simple como eso, pero, a diferencia de Abel, Caín era un adulto. Uno con responsabilidades entre las que se encontraban medir muy bien sus palabras.
Aunque... No, no tenía por qué aplicar eso a su hermano.
— ¡Vamos! —le agarró +
— ¡Sí! Porque... ¡Da igual si a veces no nos expresamos bien, o nos equivocamos! ¡Yo siempre te voy a querer igual, sabes!
Es una lógica contundente, pero también contiene la dulzura de la ingenuidad de un chiquillo.
— ¡Ahora vamos a bañarnos... Caín! ¡Vengaaa!
El mayor rió con él, dejando que le soltase aquel análisis entremezclado con regaño.
El tono de su hermano y sus palabras finales le impedían ponerse a pensar en negativo.
— Tienes razón, me paralizo demasiado imaginando escenarios... Debería darme más cuerda, ¿no?
< si... ?
El niño suelta un momento las manos ajenas para cruzarse de brazos, todo digno.
— ¡Te preocupas mucho! ¡Cuando piensas demasiado duele la cabeza... y dejas que las cosas pasen delante de ti! Si tengo preguntas las haré, ¡Pero no te pongas triste, Caín! No triste...
Escucha callado al principio, alzando su tez llena de pecas hacia su hermano mayor... para luego reír entre dientes.
— Sabes, se me daba mejor que a ti cuidar del ganado porque tú siempre sobrepiensas mucho las cosas. ¿Y si esto no está bien? ¿Y si al hacer esto me caigo? ¿Y >
— ¿Sabes...? A veces creo que se te daba tan bien cuidar a los animales porque tenías la atención en veinte sitios a la vez, yo me hubiese quedado fijo en una sola cosa y se me hubieran pasado quince —rio—. Perdón, eso... No era lo que quería decirte. Lo que quiero que recuerdes+