Un pibe que nació a partir de los 2000 y tuvo la mala suerte de ser bostero no tiene casi ningún recuerdo de Boca levantando una copa internacional.
Pero en 2014, ya con consciencia, se ilusiona con la Sudamericana. Llega a las semis y les toca contra el River de un inexperto Gallardo, encima 10 años después de eliminarnos por Libertadores. No se le da, pero era una Sudamericana nada más.
Menos de un año después el universo les da una revancha, en, según ellos, la competición donde son coperos. Nos ganan 5-0 el torneo de verano, son el único equipo en sacar 18 puntos en la fase de grupos. Mejor primero contra peor segundo, no se les podía escapar ¿No? Bueno sí, Gallardo los vuelve a eliminar.
Pasan 3 años sin enfrentamientos directos, les cae una final de arriba. Era la oportunidad de borrar todo y tener impulso para la Copa. Encima 40 años atrás nos habían ganado la única que disputamos. Era esta, pero tampoco. Gallardo les da la vuelta en la cara.
Ese misma año, casi de carambola, se meten en otra final de Libertadores. Era la séptima, la revancha de la revancha de la revancha. Ahora sí, esto borraba absolutamente TODO ¿Cómo se les va a escapar? Juegan de local y en cancha neutral además, con el presidente del país de su lado. Pero otra vez Gallardo. No lo podían entender. Otra vez el Muñeco los cogia (¡y de qué manera lo hacía!).
Pero como si fuera poco, ya ni sé a qué atribuirlo, se les da una revancha más. En la Bombonera, semifinal de Copa. No tapaba lo perdido, pero era jugar otra final de América. Pero Marcelo Daniel se volvió a imponer.
Tuvieron que echar a todo su plantel, a su cuerpo técnico, a un empleado de seguridad y cambiar de dirigencia.
Y ustedes todavía se preguntan que por qué los bosteros están tan pendientes de Marcelo Daniel Gallardo. Nunca en su putisima vida se van a poder sacar la poronga kilometrica del orto.