Carlos Elordi ha publicado un artículo vergonzoso que se llama “Van a por Sánchez y no van a parar”.
El artículo es de traca. No tengo palabras.
Dice que la ofensiva judicial contra el Gobierno es una conspiración en toda regla.
Es como si este señor hubiese decidido crear una categoría que va más allá de “los 61 periodistas” del Caso Leire.
Yo creo que no lo hace ni cobrando. Yo creo que se lo cree.
Vamos a ver lo que escribe hoy. Y mejor, lo que escribía antes.🧵
Yo puedo votar en las elecciones generales y autonómicas en España (pero no en las municipales). Esto no tiene mucho sentido: me mudé a Estados Unidos en 1996, apenas pago impuestos en España y recibo servicios mínimos. Que mi voto decida, por ejemplo, si se abre un nuevo instituto en Mieres o se sube el IRPF en el territorio común tiene una justificación democrática más bien débil.
A la vez, buena parte de mi familia vive en España; existe una probabilidad (baja) de que regrese en algún momento; tengo propiedades inmobiliarias en el territorio nacional; y, en comparación con otros votantes en el extranjero, conozco los detalles de muchas discusiones sobre política económica. No creo que haya muchos millones de votantes que se sepan las cuentas de la Seguridad Social mejor que yo. No es que entender estas discusiones me dé una legitimidad especial, sino que demuestra una vinculación efectiva con España.
Por ello sigo votando en las elecciones generales, aunque en las autonómicas, de carácter local más acentuado, he dejado de hacerlo. Y, cuando considere que la probabilidad de regresar a España haya caído por debajo de un mínimo, dejaré de votar también en las generales.
La discusión de la “ley de nietos” durante las últimas semanas en España ilustra, pues, un punto fundamental en toda democracia: ¿quién es el demos que puede decidir el futuro colectivo?
Una persona no residente en España, por mucho que sea hijo o nieto de españoles, pero sin una vinculación directa con la vida cotidiana del país (o una probabilidad razonable de recuperarla demostrada con pruebas fehacientes, no una simple declaración de intenciones), no es parte del demos. Puede ser una persona con la que sintamos cercanía afectiva y que tenga un vínculo legal con España más fuerte que el de otras personas. Pero no debe ser votante.
Las respuestas que leo en la prensa son decepcionantes. Muchos argumentan que, a fin de cuentas, estos nuevos votantes no influirán en los resultados de las elecciones. Quizás. En el pasado no lo han hecho. Pero este argumento tiene dos problemas. Primero, ahora que forman un grupo tan grande, los partidos tienen un incentivo muy distinto para movilizar a ese electorado. Segundo, y mucho más importante, ir regalando nacionalidades y derechos de voto sin la debida seriedad demuestra que en España nunca pensamos las cosas con cuidado. Da igual si son 100 o dos millones y da igual si tienen efecto o no sobre las elecciones. Es una cuestión de legitimidad.
Una y otra vez, en España, tomamos decisiones sin hacer números, movidos por el “buenismo” de quedar bien en el telediario de las nueve. Y no, no son los políticos. Estoy 100% seguro de que, de haberse realizado un referéndum sobre la “ley de nietos” (olvidándonos del resto de la Ley de Memoria Democrática), el sí habría ganado de manera abrumadora.
No nos tomamos nada en serio y somos frívolos.
'Inxenius': la app por la que Santiago de Compostela pagó 18.029 € en un plan de márketing que se niega a hacer público y de cuyas acciones no hay rastro
💸💸 En octubre del año pasado el Ayuntamiento de Santiago de Compostela adjudicó por 14.900 euros + IVA (ya sabéis, cerquita cerquita del límite legal de 15.000) un contrato para el diseño de un plan de márketing para la App Inxenius, una aplicación para "visibilizar el talento científico local".
😶🌫️ La iniciativa en la cual se desarrolló la aplicación terminó en enero. Desde entonces, y después de las notas de prensa institucionales de rigor informando del fin de la iniciativa y de la nueva aplicación, con una foto en la que la concejala del ramo salía en primera línea, no hay rastro de la aplicación en ningún sitio más. En Google Play tiene 100 descargas. En la App Store figura que no tiene suficientes descargas para mostrar las valoraciones.
🤐 ¿En qué consistió ese plan de márketing que parece que tan pocos resultados ha dado? Eso quise saber. Solicité copia del plan de márketing, pero ya no es sólo que el Ayuntamiento me haya ignorado, sino que ni siquiera ha respondido a la Comisión de Transparencia de Galicia, que reprocha en su resolución ese silencio.
🙈 Más de dos meses después de que la Comisión de Transparencia haya resuelto que el Concello debe entregar al información... El Ayuntamiento sigue sin hacerlo, ignorando tanto mi derecho a acceder a esa información como su obligación legal de cumplir las resoluciones de la Comisión de Transparencia.
Y aquí no pasa nada, porque la ley no funciona.
Os lo cuento aquí: https://t.co/b0qxkyH4YI
Hay que reformar el sistema de pensiones español. Es lo razonable y lo justo.
Esta es para mí la conclusión inevitable del informe que sacamos hoy en @EsadeEcPol. En él, @pablogguz_ y @miguel_almunia calculan a día de hoy y simulan para 2050 lo que el Estado transfiere a y recibe de cada persona a lo largo de su ciclo vital.
Con ello pueden estimar un saldo fiscal asignable por edad, y resulta que ese saldo es negativo ya hoy: -1,9%.
Pero es que en 2050 esa cifra cae en picado. Mirad el gráfico de abajo, porque la estiman variando además los escenarios de más migración y más fecundidad, argumentos que solemos escuchar como salvación al problema de las pensiones. Y nada: que el déficit fiscal asignable por edad se mantiene bien alto.
Incluso miran nivel educativo (claro: personas de más nivel educativo aportan más), o análisis alternativos con otros perfiles de ingresos/gastos en sanidad, IRPF... y lo más que baja el déficit es -3,2% del PIB de 2050.
Así que insisto: no hay vuelta de hoja. Como los propios autores dicen, todo esto desemboca en que el origen del desequilibrio no es la estructura poblacional, sino cómo esta interactúa con el diseño del sistema de pensiones: "Las reglas actuales del sistema de pensiones implican una rentabilidad real implícita
estimada en torno al 2,61 % anual, por encima del crecimiento real de los ingresos del sistema (1,4 % anual entre 2005 y 2024). Esta brecha define la tensión estructural de sostenibilidad y se trasladará al
presupuesto público de forma creciente a medida que las cohortes del baby boom completen su transición a la jubilación."
¿Y qué hacemos? Reformarlo. Los autores plantean tres alternativas complementarias que comparto plenamente:
1. Más participación laboral en edades avanzadas. Dicen: "entre los 55 y los 64 años, estar empleado supone un saldo fiscal neto unos 19.000 euros mayor al año. Si España convergiera al percentil 75 de la distribución europea de tasas de empleo en ese tramo, la recaudación neta aumentaría en unos 14.000 millones de euros (0,9 % del PIB)."
2. Vincular la edad efectiva de jubilación a la longevidad con el consabido cuidado de distinguir mucho por ocupación, salud, trayectoria laboral, etc. Pero para quienes podamos permitírnoslo, hacerlo.
3. Y sí, claro: reconsiderar el sistema entero para transitar hacia uno, igualmente público, de cuentas nocionales, de contribución definida, que haga explícita y coherente la relación entre cotizaciones y prestaciones.
Si no, la deuda la acabarán pagando las próximas generaciones.
Ayer argumentaba que el problema fundamental de España es que el votante mediano no quiere reformar nada y vota a quien le promete que no reformará nada. Y lo votaría igual si hubiera listas abiertas, circunscripción nacional única, sistema mayoritario uninominal, partidos políticos muy débiles o prácticamente cualquier otra reforma institucional que se le ocurra.
Pongamos un ejemplo muy sencillo.
El problema de nuestro sistema de pensiones contributivo de reparto (ojo, contributivo) y el origen de sus 62.000 millones de déficit es que el valor presente descontado esperado de los pagos del sistema a una persona es aproximadamente un 60 % superior al valor presente descontado de las cotizaciones que esa persona (directa o indirectamente, por medio de su empresario) ha pagado. El tipo de descuento correcto en este caso es (simplificando un poco porque esto es un post en X, no un trabajo académico) igual a la tasa de crecimiento de la población activa más la de la productividad.
Es decir, tenemos un sistema excesivamente generoso, quizás no según los criterios de justicia de los mundos de Yupi, pero sí según la triste realidad de la economía española.
Esta excesiva generosidad del sistema no es nueva, sino que se remonta a la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963. El franquismo creó un sistema absolutamente demencial que, irónicamente, la democracia ha mantenido en lo básico hasta hoy (para lo cual no ha habido “memoria democrática”).
Si cualquier partido se presenta a las elecciones proponiendo que hay que reducir ese 60 % de excesiva generosidad, por ejemplo, introduciendo un sistema de cuentas nocionales similar al sueco, va a ser absolutamente machacado en las urnas, con esta ley electoral y con cualquier otra.
En general, los votantes de mayor edad no renunciarán a un porcentaje de sus pagos presentes y futuros, y encontrarán decenas de falacias para defender su posición. La más común será “esto se arregla reduciendo el despilfarro en otras partidas del gasto público” (algo que ignora la lección número 1 de economía: el coste de oportunidad; no hay razón alguna por la que los ahorros que obtengamos de reducir el despilfarro tengan que emplearse en mantener un sistema de pensiones contributivo excesivamente generoso). Otras incluirán “no hay razón por la que un sistema de pensiones contributivo tenga que pagarse solo con cotizaciones” (un argumento demencial, pues implica que debemos redistribuir por edad, no por necesidad; que este argumento venga a menudo de la izquierda es particularmente perverso). Y finalmente, la tan común “tú quieres que la banca gane dinero” (por mucho que la reforma más sensata sea un sistema público de cuentas nocionales con un pilar de capitalización gestionado por mutuas sin ánimo de lucro, sistema en el que la banca probablemente perdiese negocio y beneficio con respecto al actual).
Sea sincero con usted mismo. ¿Cuánta gente conoce usted que acepte la realidad del sistema? ¿Y cuánta gente quiere de verdad reformarlo? Es más, estoy seguro de que al menos el 50% de la gente que va a leer esta entrada o no entenderá el argumento o lo negará.
No es la ley electoral, no es Pedro Sánchez, no es Alberto Núñez Feijóo, no es Carles Puigdemont. Es la política sin romance.
Aquí hay más detalles sobre lo que he explicado
https://t.co/yUiv6vm9vB
Pero una advertencia: tengo que actualizar algunos números y ajustar la TIR del sistema.
Ayer publicaba El Confidencial una larga entrevista con Feijóo:
https://t.co/snZN4J8Nwp
A menudo es más informativo comprobar de qué no habló Feijóo:
1) La palabra “pensiones” (o variaciones como “seguridad social”) no aparece nunca.
2) La palabra “fecundidad” (o variaciones) no aparece nunca.
3) La palabra “productividad” (o variaciones) no aparece nunca.
4) La expresión “déficit público” solo aparece una vez, al explicar por qué Rajoy se encontró en una situación complicada al llegar al gobierno.
5) Sobre vivienda solo dijo “¿Voy a derogar la legislación intervencionista de vivienda? Por supuesto.” y “Construimos un millón de viviendas. No tenga usted ninguna duda.”
6) Sobre inmigración, solo dijo: “¿Voy a derogar la política inmigratoria del Gobierno, desordenada, precipitada, que da derechos a lo que es ilegal? Por supuesto.”
Distintos lectores pueden ordenar estos seis problemas estructurales de España (pensiones, fecundidad, productividad, cuentas públicas, vivienda e inmigración) de manera diferente, pero es difícil argumentar que no sean los seis problemas fundamentales a los que nos enfrentamos a largo plazo. Sobre cuatro de ellos, Feijóo no dijo absolutamente nada. Sobre dos de ellos, dijo obviedades vacías.
Esta entrevista puede interpretarse de dos maneras.
Primera, que ya cerca de la Moncloa, Feijóo es reacio a dar armas al adversario explicando las reformas que quiere implementar.
Segunda, que Feijóo no piensa hacer nada serio con respecto a estos seis problemas.
Yo le doy mucha más probabilidad a la segunda interpretación. ¿Por qué? Porque el votante mediano del PP, relativamente mayor y con vivienda en propiedad, no quiere realmente que cambie nada:
1) En materia de pensiones, el votante mediano del PP quiere que el sistema se mantenga como está, porque es el principal beneficiario.
2) En fecundidad, al votante mediano del PP le importa poco el futuro demográfico de España, pues ya se habrá muerto cuando empiece a ser catastrófico.
3) En productividad, el votante mediano del PP pierde más con los costes de ajuste de la liberalización de mercados o las reformas estructurales en el corto plazo de lo que gana en bienestar en el largo plazo.
4) En déficit público, el votante mediano del PP pierde más con cualquier ajuste serio de las cuentas públicas (no, “cortar el despilfarro”, aun siendo necesario, no da para tanto; no se haga usted las cuentas del Gran Capitán que veo constantemente en X).
5) En vivienda, el votante mediano del PP es propietario de vivienda, y que esta suba de precio es su principal ganancia de riqueza. De hecho, “la legislación intervencionista” es un guiño para eliminar controles de alquileres, que, aun siendo una medida necesaria desde mi perspectiva, beneficia indudablemente a los propietarios.
6) En inmigración, el votante mediano del PP sale beneficiado gracias al flujo de caja fiscal positivo que generan los inmigrantes en el corto plazo, aunque su flujo de caja fiscal total sea negativo a largo plazo. Y muchos votantes del PP (pequeños y medianos empresarios) ganan con la presión a la baja de los salarios y el incremento del precio de la vivienda causados por la inmigración.
A fin de cuentas, el votante mediano del PP quiere la misma política económica que ha seguido el PSOE (y el PP en iteraciones anteriores), quizás con impuestos sobre la renta ligeramente más bajos y menos corrupción “de los otros” (la corrupción de “los nuestros” siempre es lawfare).
Es particularmente revelador que en la entrevista le pregunten a Feijóo si no hará como Rajoy y, al final, no cambiará nada. Feijóo, que debía venir preparado para esta pregunta, responde que Rajoy llegaba en una situación de emergencia. Esta explicación se cae por sí sola: Montoro no presentó el presupuesto hasta después de las elecciones andaluzas del 25 de marzo de 2012. Para eso sí que había tiempo.
Como llevo insistiendo últimamente: la política es siempre sin romance. El gobierno del PP no cambiará nada sustancial porque el votante mediano del PP no quiere que nada sustancial cambie. Por eso el PP ha elegido como líder a Feijóo. Y por eso cosas como cambiar la ley electoral, el bálsamo de Fierabrás de muchos, no servirán para nada. El problema de España es que los políticos llevan 30 años siguiendo a la perfección lo que quiere el votante mediano.
En 1519, un volcán de más de 5.000 metros escupía fuego y ceniza en Nueva España. Los aztecas lo creían sagrado y nadie osaba acercarse, pero un español decidió subir, asomarse al cráter y meter la mano dentro. Su locura cambió América para siempre. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
Anécdota del día: Durante el rodaje de "Hotel Internacional (The VIP's)", la salud de Elizabeth Taylor era extremadamente delicada. Tenía problemas de movilidad y acababa de salir de una neumonía que requería cuidados al ser una película que estaba siendo producida...
⚠️Despreciar evidencias: en 2022 se subsidió 20 c/l combustibles, lo que aprovecharon petroleras para aumentar precios. Perdimos 857 millones €.
Ahora se repite esta política regresiva y, aún peor, se mantendrá si los precios aumentan: el incentivo perfecto para que suceda.
Hoy escribo una columna sobre la creciente ola de "Progreplanismo", donde respondo con detalle a Sergio del Molino y a otros célebres defensores (Évole, Manuel Carrasco, Intxaurrondo) del bulo de que la invasión migratoria no tiene consecuencias negativas https://t.co/HQ8HyWrVer
Hoy se publica un informe en el que estimamos cuánto paga en impuestos y cuánto recibe del Estado cada grupo de edad en España. Los microdatos de encuestas a hogares nos dicen cómo se reparte por edades cada impuesto y cada prestación, y ajustamos esas cifras para que, sumadas sobre toda la población, coincidan con la recaudación y el gasto público observados en 2024. Cotejamos este reparto por edades con el que se obtiene a partir de una gran base de microdatos de declaraciones de IRPF (que sale muy parecido).
El ciclo vital fiscal tiene la forma que cabe esperar: un individuo representativo es receptor neto del sector público durante la infancia y la vejez, y contribuyente neto durante la vida laboral. En promedio, el saldo fiscal asignable por edad alcanza su máximo en torno a los 50 años, con una aportación neta positiva de unos 11.000€ anuales, y cae a un déficit de unos 16.000€ al llegar a los 70.
En un año dado, solo en torno al 41% de la población es contribuyente neto, es decir, aporta en impuestos más de lo que recibe en transferencias. Entre quienes tienen entre 25 y 64 años, la cifra sube al 68%, lo que genera un excedente que financia las transferencias hacia los grupos dependientes: niños y, sobre todo, mayores.
Por este motivo, el equilibrio del sistema de transferencias español depende de la realidad demográfica, y esa realidad está cambiando. Hoy hay en torno a 1,9 personas en edad de trabajar por cada dependiente, pero las proyecciones del INE la reducen a 1,33 en 2050 (1,38 en la actualización publicada el mes pasado). A medida que gane peso la población mayor crecerá también la factura de las transferencias que hay que financiar. Estimamos que en 2024 el saldo fiscal asignable por edad ya es negativo, en torno a -30.000 millones de euros, un -1,9% del PIB.
Para ver hacia dónde vamos, elaboramos un motor demográfico propio que proyecta la población española hasta 2050 bajo distintos supuestos de inmigración y de fecundidad. La idea es no limitarnos a envejecer la pirámide actual, sino dejar que cambien a la vez varias dimensiones que afectan al saldo fiscal: la estructura de edades, el nivel educativo de la población y el peso de la población de origen extranjero. Para recoger estas tendencias, desagregamos los perfiles fiscales por nivel educativo y los aplicamos a la población proyectada teniendo en cuenta cómo evoluciona su composición, diferenciando entre la población nativa y los nacidos en el extranjero. Esto nos permite estimar cuánto contribuye cada factor al cambio del saldo fiscal: el envejecimiento, la mejora del nivel educativo, un mayor saldo migratorio o una fecundidad más alta.
El objetivo de este análisis no es ofrecer una predicción de cuál será el saldo fiscal de España en 2050, sino responder a una pregunta concreta: ¿qué saldo fiscal tendría el sistema actual de impuestos y prestaciones si se aplicara sobre la estructura de población proyectada para 2050? En nuestro escenario central, esa estructura demográfica arroja un saldo fiscal negativo, en torno al -6,8% del PIB.
La inmigración suele mencionarse como una de las principales soluciones al envejecimiento y a sus consecuencias fiscales. Nuestros resultados sugieren que, si bien la entrada de inmigrantes mejora el saldo fiscal de forma apreciable frente a un escenario de saldo migratorio nulo (del -8,5% al -6,8% del PIB en 2050), pasar de un saldo migratorio moderado a uno alto apenas lo mejora más (del -6,8% al -6,1%). La razón es que la ventaja que ofrece la inmigración está limitada por tres factores. Primero, cada nueva entrada suma adultos en edad de trabajar que contribuyen, pero que llegan acompañados de hijos dependientes. Segundo, la población nacida en el extranjero tiene de media un nivel educativo más bajo que la nativa, lo que se traduce en un saldo fiscal por persona menor. Por último, la ventaja es transitoria: los inmigrantes que hoy están en edad de trabajar también se jubilarán y pasarán a cobrar pensiones.
Ese primer factor, los hijos, conecta con la otra palanca demográfica que suele proponerse: la natalidad. ¿No sería bueno para las cuentas públicas que naciesen más niños? Pues sí y no. España tiene una de las tasas de fecundidad más bajas del mundo (1,1 hijos por mujer en 2024, frente al 2,1 del nivel de reemplazo), y a largo plazo una fecundidad más alta estabilizaría la pirámide poblacional en una estructura demográfica más favorable. Pero de aquí a 2050 el efecto es el contrario: un aumento sostenido de la tasa de fecundidad hasta un nuevo nivel de equilibrio añadiría población dependiente infantil sobre una pirámide ya muy envejecida, y empeoraría el saldo fiscal. El retorno fiscal de un aumento de la fecundidad solo se materializaría en la segunda mitad del siglo, cuando esas nuevas cohortes más numerosas entren en el mercado de trabajo y engrosen la proporción de población contribuyente.
Si bien buena parte de este análisis gira en torno a la demografía, también dedicamos espacio a explicar que el grueso del desequilibrio viene en realidad del diseño de nuestro sistema de pensiones, y que su origen es más actuarial que estrictamente demográfico: la rentabilidad implícita que prometen sus reglas actuales supera la que la economía puede sostener con los ingresos que genera hoy y los que se esperan a futuro. Es, en el fondo, una generosidad que el sistema no puede financiar de forma indefinida. En el informe exploramos varias vías de reforma para reconducirlo, desde alargar las carreras laborales hasta vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida o transitar hacia un sistema de cuentas nocionales.
El envejecimiento de la población intensificará las tensiones fiscales en las décadas venideras. Ese coste alguien tendrá que asumirlo, y cómo se reparte entre las generaciones actuales y las futuras es, ante todo, una cuestión de equidad intergeneracional. Los responsables de política económica harían bien en incorporar esa dimensión en el diseño de las próximas reformas del sistema de protección social, antes de que el grueso de la presión demográfica se materialice.
Todo esto y más se puede trastear en https://t.co/JEvBuG3TdP, incluyendo un pequeño panel interactivo donde podéis ver cómo cambia el saldo fiscal a futuro modificando los supuestos de fecundidad e inmigración con nuestro motor de proyecciones demográficas.
Enlace al informe completo: https://t.co/YsX69VoKV0
@miguel_almunia@JorgeGalindo
Anécdota del día: "Tambores lejanos (Distant drums)" fue un intento de reversionar "Objetivo: Birmania (Objective: Burma)" en clave de western por parte del director de ambas, Raoul Walsh. Él pensaba que la historia era lo suficientemente potente como para hacer una buena...
En 1418, Florencia tenía un problema que llevaba décadas sin solución. Su catedral estaba terminada, excepto por un detalle: un agujero de 45 metros que nadie sabía cómo cubrir. Entonces apareció un orfebre con una propuesta imposible: Filippo Brunelleschi. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
Anécdota del día: Durante el rodaje de "Darling Lili", uno de los mayores fracasos de la carrera de Julie Andrews y de su marido el director Blake Edwards, una periodista afirmó de que tenía constancia de que se hacían tríos sexuales con la participación de ambos más la de...
DAVIDOVICH YA SABE LO QUE ES GANAR UN TÍTULO 🏆
El año pasado sufrió dos durísimos reveses al no aprovechar en dos torneos distintos esas bolas de partido…
Pero tenía que ser en casa.
Se lo merecía. Claro que sí 🥳
@joansaezoficial Sacar un 5 requiere menos esfuerzo que sacar sobresaliente. En la ESO,, en general, se consigue con cierta facilidad. Así que lo suyo es celebrarlo menos. Estudiar es obligatorio, pero, si alguien saca sobresalientes, no veo mal reconocerselo. No sé por que os enfadas.
@Bruathlete_21@ying_yang__yung@hilosdeaaron@PatrullaCapital Es que no funciona así. Cada cual es libre de elegir lo que estudia, pero, lo mismo, el mercado de trabajo demandamuchos más albañiles que filósofos. Y eso provocará que su sueldo suba. Estudiar, por si solo, no te hace merecedor de más.
@Bruathlete_21@hilosdeaaron@PatrullaCapital El nivel de estudios no te garantiza unos ingresos. Es el valor de lo que sabes hacer en el mercado. Así que tú afirmación es falsa. Un fontanero probablemente gane más que el 80% de graduados universitarios.