Hoy celebramos el cumpleaños de una leyenda que nació en nuestra cantera, creció con el azul y oro en el corazón y demostró al mundo entero de qué estamos hechos los universitarios.
¡El gran Hugo Sánchez! 🥳⚽️
La historia de nuestro club se escribe con garra, pero también con la inspiración de quienes nos enseñaron a soñar en grande. ✨🐾
Gracias por enseñarnos que no hay meta inalcanzable cuando se juega con orgullo y pasión. ¡Feliz cumpleaños, Hugo! Tu casa siempre te abraza. 💙💛
#SiemprePumas
Paramount estaba pasando una racha bastante mala. Fue Robert Evans de Paramount quien convenció a Puzo y empezó a darle vueltas a la idea de llevar al cine una película tan exitosa. Porfa recuerden a Evans. Nos va a dar muchísima lata.
Puzo estaba neta muy desesperado por mantener a su familia y pagar el montón de deudas de juego que venía cargando, así que aceptó sin pensarlo mucho. Total, el libro podría pegar o no y el dinero era poco más de 90 mil dólares actuales. La novela se vuelve súper best seller.
El libro se pensó para ser un best seller y en eso se convirtió. Publicado en 1969, en dos años vendió 9 millones de copias. Paramount tuvo acceso en el 68 a un manuscrito inconcluso de 60 paginas y compró los derechos por 12,500 dólares. 80,000 si algún día la hacían película.
Creció en Hell’s Kitchen y sólo llegó a tener contacto con lo que sería el plancton en la cadena alimenticia de la mafia, por su afición al juego. Hijo de inmigrantes italianos analfabetas, conocía términos callejeros mafiosi y leer a Hemingway modeló los diálogos de su libro.
La historia tenía que incluir sangre, traición, lazos familiares retorcidos (pensó mucho en Los Borgia) y satisfacer esa curiosidad morbosa del gringo de saber más sobre la mafia italiana. Contrario a lo que podría pensarse, Puzo no tenía conocimiento directo sobre la mafia.
Había una vez un señor llamado Mario Puzo, que a sus 45 años le debía dinero a todo mundo, trabajaba como asistente de oficina, tenía 5 hijos y de repente escribía. Hizo un par de libros con buenas críticas pero pésimas ventas. Le llegó la hora del adulting y una idea vendedora.