El choque cultural que viví en México ocurrió durante mi primer mes allí. Una compañera del trabajo me invitó a una comida familiar y me dijo: “Tú solo trae algo para compartir”. Le respondí que perfecto y le pregunté qué hacía falta. Me dijo que cualquier cosa estaba bien. Yo decidí preparar una bandeja enorme de comida casera. Pensé que así causaría una buena impresión. Cuando llegué, descubrí que había entendido todo al revés.