La noche en Jonia respiraba con su calma habitual, esa quietud casi líquida que parece sostenerlo todo.
Y, aun así, en Hwei había un brillo nuevo:
la luz tenue que Irelia había dejado en él.
Una serenidad frágil, casi inaudita, que todavía ardía en su pecho como un sol pequeño.⇴
Tras un breve instante de paz —breve para el mundo, largo para él— sintió que el llamado de su estudio volvía a alcanzarlo.
No había inspiración ni temor en su pecho, solo una serenidad profunda, un azul silencioso que impregnaba su mundo con una calma casi líquida.
⇴
Hizo una breve pausa, el sombrero proyectando una sombra sobre su expresión mientras su mirada se suavizaba, más inquisitiva que desafiante.
—Y dígame —añadió, con un matiz de curiosidad sincera—, ¿cómo se llama la mujer que logra poner en guardia a un hombre como yo?
Dejando atrás su pose teatral fingida, adoptó una más relajada, sacudiendo el polvo de su sombrero —quizás uno que ni siquiera estaba allí— mientras meditaba cada gesto, cada palabra, buscando la calma calculada que tanto lo caracterizaba.
—Respondiendo a su pregunta, >>
arma, Akali termina guardando el kunai en una pequeña vuelta más.
— Un placer, Tobías Félix, pero no has respondido a mi pregunta. —Replica ella, finalmente dando un paso al frente para aproximarse al tahúr— Aunque asumo que estás un poco lejos de casa, ¿no?
mientras la observaba con aparente calma.
—Aunque debo confesar —continuó con una media sonrisa—, no deja de ser curioso sentirse amenazado por una jonia.>>
���Ups... —murmuró, dejando que la palabra flotara entre ambos con el tono ligero de quien juega con fuego.
Sabía que aquello le costaría una mirada afilada…
Detenidamente, mientras aún sostenía el cuchillo que el encapuchado rehusaba tomar, el tahúr lo observó con la agudeza que solo los años de juego sucio podían otorgar. Había aprendido a reconocer a los tramposos por sus dedos inquietos, a los asesinos por el silencio que los >>
pregunta.
La diestra barre con el dorso una víscera ensangrentada que se le quedó adherido en su hombrera. La inmundicia amenaza con torcer el labio superior del noxiano, pero es de piedra.
— ¿En qué dirección se llega a la Sirena? Tengo una ... entrevista de trabajo por allí.
y que el otro no lo encontraría gracioso.
Lentamente, se volteó hacia él, el rostro ya adornado con esa sonrisa descarada que usaba para esconder cada frustración. Levantó los brazos con un ademán de rendición fingida, como un actor que no se toma demasiado en serio su papel. >>