La conferencia de prensa de Marcelo Bielsa fue magistral.
Yo no soy un admirador de él como DT, no me considero Bielsista ni mucho menos, pero de esta manera se explican las cosas.
El respeto al elegir las palabras fue colosal. Y dejó todo muy claro.
La clave de su proceso en Uruguay (además de tener una generación de jugadores flojita), para mi, pasa por esto que dijo:
"Todo lo que yo se (que no se si es mucho o poco) lo volqué a cualquier organización, persona o profesional que me lo haya solicitado. Lo que sí tengo la absoluta certeza es de que a nadie le importó. Todo lo que quise transmitir, nunca fue importante. A ningún nivel. No le veo nada de malo, pero fue así: lo que yo sé a los demás no le interesó aprenderlo".
No podes tener un DT al que no le das pelota. Simple. Los uruguayos se creyeron mas de lo que son. Y acá están los resultados.
Bielsa no fracasó por querer cambiar la identidad del fútbol uruguayo. Fracasó porque intentó cambiar un paradigma que muchos confunden con identidad.
Y ahí está el verdadero problema.
En Uruguay, muchas veces la garra, la historia y el orgullo del “paisito” funcionan como motor. Nos empujan. Nos dan carácter. Nos hacen competir contra cualquiera.
Pero también pueden transformarse en refugio.
Porque una cosa es tener identidad y otra muy distinta es usarla como excusa para no exigirnos al limite y evolucionar.
Eso de “somos tres millones”, "esto es Uruguay " “contra todos”, “a nosotros nadie nos regala nada”, "con el cuchillo entre los dientes" "hay que trancar con la cabeza" pueden ser una fuerza emocional enorme. Pero cuando esa narrativa reemplaza al método, a la planificación, a la autocrítica y a la modernización, deja de ser virtud y empieza a ser límite.
Bielsa tocó esa fibra.
No vino a decirle a Uruguay que dejara de ser Uruguay. Vino a decirle que con la historia sola ya no alcanza. Que con la garra sola ya no alcanza. Que el mundo cambió y que no se puede competir contra estructuras modernas creyendo que todavía vamos a ganar a fuerza de pierna fuerte y miradas recias.
Ahí apareció la resistencia.
Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre Bielsa como si los jugadores hubieran sido simples víctimas del proceso.
Porque también allí apareció una parte incómoda del problema: algunos futbolistas no se resistieron solamente a una idea táctica; se resistieron a una forma de exigencia. Se resistieron a la intensidad, la incomodidad, la pérdida de ciertos privilegios, los hábitos modificados y una metodología que no estaba pensada para agradar, sino para llevarlos al límite competitivo.
Y eso también forma parte del paradigma.
Por lo que se hizo público, el conflicto no fue solo por cómo jugaba Uruguay. También fue por cómo se entrenaba, cómo se convivía, cómo se administraban los liderazgos y cuánto estaban dispuestos los jugadores a aceptar una autoridad que no negociaba desde la comodidad.
Bielsa pudo equivocarse en las formas. Seguramente. Pudo gestionar mal sensibilidades, momentos y referentes. Pero el fondo sigue siendo el mismo: intentó instalar una cultura de entrenamiento, exigencia y método que no todos estaban dispuestos a aceptar.
Y ahí aparece otra pregunta incómoda:
¿Queremos competir con la élite mundial o queremos conservar las comodidades de siempre?
Porque no se puede pedir volver a ser protagonista del mundo y, al mismo tiempo, rechazar los costos de entrenar, vivir y competir como la élite mundial.
El fútbol uruguayo quiere crecer, pero muchas veces sin incomodarse. Quiere volver a la cima, pero sin revisar sus hábitos. Quiere competir con los mejores, pero sin abandonar ciertos relatos que lo protegen de mirarse de frente.
Y Bielsa, con todos sus errores, obligó a mirar eso.
Quizá su fracaso no fue solamente futbolístico. Quizá fue cultural. Intentó empujar a Uruguay hacia una versión más moderna, más exigente y menos autocomplaciente de sí mismo, pero chocó contra un ecosistema que todavía siente que cambiar es traicionarse.
Y no lo es.
Evolucionar no es dejar de ser Uruguay. Modernizarse no es perder la garra. Cambiar el paradigma no es borrar la historia.
El verdadero problema es seguir creyendo que la camiseta y su historia, por sí sola, todavía gana partidos.
Porque la garra sin evolución termina siendo nostalgia.
Y la nostalgia no compite.
Solo recuerda.
Foto :AP news
@ReparaPC494277@therealbuni Uff totalmente. El domingo en mi casa dormimos a una perrita que nos acompañó por 15 años, creo que hace mucho no lloraba tanto.
⚫️🔵 “PASÉ DE 25 AÑOS CORRIENDO ATRÁS DE UNA PELOTA A ESTAR EN UN ESCRITORIO CON DIRIGENTES QUE HABLABAN INGLÉS. ME TENÍA QUE PREPARAR”
🇦🇷 Javier Zanetti contó cómo fue su preparación para ocupar el rol de vicepresidente en Inter:
“Yo dejé el fútbol y me ofrecieron ser el vicepresidente de Inter. Por un lado me dio felicidad por seguir mi vínculo con el Inter y por otro lado, era una gran responsabilidad. Me tenía que preparar. Pasé de 25 años corriendo atrás de una pelota a estar en un escritorio con otros dirigentes que hablaban inglés. Me tenía que preparar.
No quería ser solo un dirigente ligado a la parte deportiva, sino tener una visión más amplia. Por eso me anoté en una de las facultades más importantes de Milano y me empecé a capacitar en marketing, en finanzas, en relaciones internacionales. Así me iba preparando.
Yo sigo estudiando. El fútbol es tan innovativo que siempre salen cosas nuevas. Eso me abrió la cabeza y me sirve mucho. Tenía que cambiar la manera de expresarme y de hablar, porque ahora hablo con managers, no hablo más con jugadores.
Hice un curso de comunicación para ver cómo llegar. Por ahí me toca hablar con un futuro sponsor y sé cómo manejarme. Después de los primeros 2 años ya empecé a sentirme bien posicionado”.
🎙️: @JPVarsky en @clank_media.