Aprendan a ser exclusivos en la vida, no por arrogancia, sino por sabiduría. No se dispersen en todos los rincones ni permitan que cualquiera que cruce su camino tenga acceso a tu espacio interior. Su tiempo, su energía, su esencia, son tesoros que merecen ser guardados con esmero. Ser selectivo no es cerrarse al mundo, sino cuidar de su propio jardín, regándolo solo con lo que realmente nutre y florece. No todos tienen las mismas intenciones que tú, ni todos caminan con la misma luz.
No merecemos ser un “ahorita no, después”. Merecemos un “sí, tengo miedo, pero sí quiero”, un “tengo que sanar, pero no quiero perderte”. Mereces ser la razón por la que alguien enfrente sus miedos y se la juegue por ti. Porque sí, claro que lo vales.