La Super Bowl está diseñada para no molestar.
Por eso fue tan potente ver a Mack Hollins llegar vestido de preso, esposado y descalzo.
No era un disfraz: era una denuncia contra las redadas y la criminalización de migrantes.
Cuando quienes tienen foco hablan, incomodan.
Y eso es exactamente lo que hace falta.