@alveena0__ La goma del bastón. El pañuelo en el bolsillo. La pequeña raya negra en la solapa derecha un poco por debajo de la línea inferior del nudo de la corbata
𝐄𝐥 𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐫: 𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚 𝐌𝐚𝐜𝐡𝐚𝐝𝐨 𝐲 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐥𝐢𝐠𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐚
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay una pregunta que un país traumatizado casi nunca se atreve a hacerse, porque la respuesta lo obliga a desconfiar de sus propios reflejos: ¿y si lo que llamamos liderazgo, esa presencia que exige aparecer en cada mesa, opinar de cada cosa, disputar cada metro de terreno, fuera, en realidad, una forma elegante de la ansiedad? Venezuela aprendió durante veintisiete años a leer el poder de una sola manera: como ocupación. El chavismo lo invadió todo, no dejó rincón sin colonizar, y nos enseñó, sin querer, una ecuación falsa que todavía cargamos en el cuerpo: estar es mandar, y no estar es perder. Es bajo esa lente averiada que algunos hoy miran a María Corina Machado y creen ver una ausencia donde lo que hay es una de las decisiones más lúcidas que ha tomado un liderazgo opositor en un cuarto de siglo.
Los griegos, que pensaron casi todo antes que nosotros, tenían dos palabras para el tiempo. Chronos era el tiempo del reloj, el que avanza parejo y se gasta minuto a minuto. Kairós era otra cosa: el instante oportuno, el momento exacto en que una acción se vuelve irreversible y fecunda, el segundo en que la flecha debe soltarse. La política venezolana ha vivido enferma de chronos: la urgencia de llenar cada hora, la compulsión por el titular diario, la confusión entre movimiento y avance. María Corina parece haber entendido lo que pocos: que su tarea no es habitar el chronos de las mesas técnicas, sino custodiar el kairós del pueblo, ese momento todavía por llegar en que millones podrán, por fin, decidir sin miedo. Y ese momento no se anticipa con presencia; se protege con contención.
Conviene nombrar con precisión lo que está ocurriendo, porque ahí se esconde la trampa. El trabajo que hoy se adelanta para reconstruir el árbitro electoral es de ingeniería institucional: diagnosticar y sentar las bases de un Consejo Nacional Electoral creíble, con un horizonte que las partes han señalado de manera referencial hacia el cierre del año, procesos por naturaleza dinámicos, cuyos plazos se ajustarán a la realidad sobre el terreno. Es una tarea técnica, necesaria y, sobre todo, distinta del plano político. Y fue la propia Dinorah Figuera, que hoy encabeza ese trabajo, quien trazó la línea sin ambigüedad: "María Corina es la líder", dijo, mientras se reservaba para sí la institucionalidad. Esa frase no es un gesto de cortesía. Es la cosa más anti-chavista que se ha hecho en años: separar las funciones para que ninguna las contamine todas. El régimen jamás supo distinguir entre el árbitro y el jugador, entre el Estado y el partido, entre la institución y el caudillo. Que hoy alguien construya el árbitro mientras otra persona guarda la legitimidad popular no es una grieta: es la primera lección de república que este país ensaya en mucho tiempo.
Y sin embargo, hay quienes, incluso desde la propia oposición, insisten en leer "tensión", "rifirrafe", "desplazamiento". Es ahí donde uno quisiera detener el reloj y preguntar, con cariño y con cansancio, ¿y todavía no aprendimos a ver las cosas como son? Porque conviene decirlo con todas sus letras: el chavismo está políticamente muerto. No lo resucitarían la dolarización, ni la reparación del sistema eléctrico, ni siquiera, y lo digo sin metáfora, que clonaran al mismísimo Chávez. Esa derrota es definitiva. Pero un cadáver político todavía puede ganar una batalla: la de los espejos. Privado de la fuerza para dividir a la oposición, el régimen apuesta a su última arma, que es comunicacional, urdida en la cocina de los Jorge Rodríguez: que seamos nosotros mismos quienes convirtamos cada avance en una nueva pelea interna. Cada vez que un periodista titula "tensión" lo que es especialización de roles, le entrega gratis al chavismo la tijera con la que ya no puede cortar por su cuenta. Hace, sin cobrar, el trabajo que el enemigo perdió la capacidad de hacer.
Hay aquí, además, una verdad psicológica incómoda. La sociedad venezolana viene de demasiadas traiciones, y la traición deja una secuela: nos volvió incapaces de confiar en la paciencia. Asociamos la espera con el engaño, el silencio con la rendición, la contención con la cobardía. Es un sesgo comprensible, casi una cicatriz. Pero el liderazgo que de verdad cierra ciclos históricos no funciona alimentando esa herida, sino sanándola con el ejemplo. La madurez, en una persona y en un país, se mide en la capacidad de diferir: de no consumir hoy el capital que se necesitará intacto mañana. María Corina no está gastando su autoridad en la trinchera técnica porque entiende algo que el Tao enseñó hace milenios con la imagen de la rueda: lo que hace girar la rueda no son los rayos, sino el vacío del centro. El eje no se mueve. Por eso todo lo demás puede moverse. Ella es ese centro inmóvil, y su quietud no es falta de fuerza: es la condición misma del movimiento ajeno.
María Corina no está ausente del proceso: está presente en la única dimensión que le corresponde, la de quien encarna la esperanza concreta de millones que ya no creen en árbitros comprados ni en resultados anunciados de antemano. El estandarte no se usa para cavar trincheras; se guarda limpio, en alto, para el día de la marcha. Su silencio de hoy no es mutismo: es el silencio que en la música sostiene la nota siguiente, el reposo del que depende que el acorde, cuando llegue, suene entero.
Por eso pido, contra el ruido, una virtud impopular: paciencia. Del 3 de enero a hoy no han pasado ni seis meses. No son cinco años. No se desmonta en cinco meses el escombro acumulado de veintisiete. Nadie le exige a la semilla que dé fruto la semana en que se siembra; el que arranca la planta para ver si la raíz creció mata la cosecha. Hay un tiempo para construir el árbitro y un tiempo para que el pueblo lo use; un tiempo de ingeniería silenciosa y un tiempo de voluntad estruendosa. Confundirlos es el viejo vicio de querer todo el reparto de luces a la vez.
Cuando por fin llegue ese día, el día en que los venezolanos puedan elegir sin trampas, María Corina Machado no llegará gastada. Llegará intacta: con la autoridad de quien supo esperar. Esa es la verdadera medida de su liderazgo en esta hora, una inteligencia serena, casi monástica, que ya está marcando la diferencia entre cerrar este capítulo o repetir, una vez más, los errores de siempre. Esperen. Confíen. La flecha aún no se suelta, pero ya está tensada y apunta, por primera vez en mucho tiempo, hacia casa.
@Mr_Jones_k@grok Hay algún podemita que no se dedique a odiar a todo aquel que no piense como él y se preocupe por proponer soluciones reales y sensatas a problemas de la gente?
@abc_es Ahí lo que se ve es una perrita "pastor alemán" en celo y unos cuantos perros acosándola. Alguien les ha metido tremendo embuste y se debe estar riendo de lo lindo
So yes, an Amnesty Act was approved in Venezuela.
It’s partial and it’s uncomfortable, especially the whole requirement that people “regularize” themselves before the same system that criminalized them on purpose. That part feels wrong. It forces people to act as if the charges ever had legitimacy in the first place.
But perspective matters.
It’s been a month and a half. That’s it. When you’re talking about undoing twenty-seven years of institutional abuse and rebuilding a country whose legal system was turned into a political weapon, six weeks is nothing. Transitions are negotiated. They move through power shifts and internal recalculations. They do not arrive wrapped in moral clarity.
Opposition leaders are going to criticize a partial Amnesty Act. That’s expected. They can’t legitimize something that falls short, and they’re right to point out risks in implementation. But there’s a difference between criticism and losing sight of what actually matters.
What matters is what changes on the ground.
If political prisoners are released and remain free, if leaders can operate without automatic criminalization, if exiles can return without walking into legal traps, and if power structures begin to adjust in visible ways, then the process is moving. A future National Assembly can pass a full amnesty the way it should be done once the balance of power allows it. At the end of the day, this is political. The legal framework follows the power shift.
There will be uncomfortable compromises. Some people who deserve punishment will not face it now, and maybe not at all. That reality is hard to swallow, but transitions often require giving certain actors enough security to step aside. The alternative is stalemate. Justice has timing, and timing is part of strategy.
None of this means we stop pushing.
We need real institutional rebuilding. Laws designed purely for repression need to be repealed. The judiciary must be reformed so it cannot be used as a tool of persecution. The Electoral Council needs restructuring so elections regain credibility. The Attorney General stepping down would signal seriousness. An electoral calendar has to be defined. Opposition leaders cannot remain barred from running. Political parties must be returned to their legitimate authorities. The diaspora must have functioning consulates and the ability to vote in the next elections. Passports have to be restored. Rights have to function as rights.
That list is long because the damage was long.
The interim authorities will frame this transition in a way that protects their internal balance. They will not publicly admit they lost the last presidential election. They will call for new elections instead. They will not describe past actions as kidnappings or political hostage-taking. They will call releases clemency or reconciliation.
The narrative management doesn’t change the underlying facts. People inside the country know what happened. People outside the country know what happened. History is not erased because someone refuses to accept it. Facts are facts.
The only real test is whether the machinery of coercion keeps shrinking and whether political space keeps expanding in ways that do not reverse the moment pressure drops.
So yes, patience. Not complacency. Not naivety. Patience as discipline, combined with steady pressure on the structural reforms that make the transition durable. One month and a half into dismantling decades of authoritarian control is the beginning of a process, not its conclusion.
Un ex asesor de Moncloa y un candidato de Podemos al CGPJ, son los autores de la auditoría "externa" encargada por Sánchez que niega la financiación ilegal del PSOE. Cuentan que cuando la presentaron iban descojonándose de la risa
Un taxista en Bogotá, Colombia, tenía una regla extraña.
Si un pasajero lloraba durante el viaje, no le cobraba.
Sin preguntas. Sin explicaciones necesarias.
"Guarde su dinero. Lo necesita más que yo."
Durante 8 años hizo esto. Miles de viajes. Cientos de personas llorando.
Nunca le contó a nadie. Era su secreto.
Hasta que un día, una periodista subió a su taxi.
Acababa de salir del hospital. Su madre había muerto esa mañana.
Lloró todo el camino.
Cuando llegaron, el taxista apagó el taxímetro.
"No me debe nada. Que Dios la acompañe."
La periodista, Isabel, insistió en pagar. Él se negó.
"¿Por qué hace esto?" preguntó ella.
El taxista, Don Jairo, tenía 62 años. Había manejado taxi por 40 años.
"Hace 8 años, mi hija de 23 años se suicidó."
Isabel se quedó callada.
"El día que lo hizo, tomó un taxi al puente donde saltó. El taxista me contó después que ella lloró todo el camino. Él pensó que había tenido una pelea con su novio. No le preguntó nada. Le cobró. Ella pagó y se fue."
"Él vino a mi casa después, cuando salió en las noticias. Me devolvió el dinero del viaje. Llorando. Diciendo que si hubiera preguntado, si hubiera hecho algo..."
"Yo le dije que no era su culpa. Pero desde ese día decidí algo: Si alguien llora en mi taxi, ese viaje es gratis. Y le pregunto si está bien. Si necesita hablar. Si necesita que llame a alguien."
"¿Cuántas personas ha ayudado así?"
"No llevo cuenta. Pero han sido muchos."
Isabel publicó la historia en su columna del periódico al día siguiente.
Se volvió viral en Colombia en horas.
Cientos de taxistas empezaron a hacer lo mismo. Lo llamaron "El Pacto de Don Jairo."
Pero algo más pasó.
23 personas contactaron a Isabel diciendo: "Yo lloré en el taxi de Don Jairo. Él no me cobró. Y me salvó la vida."
Una mujer escribió: "Iba camino a un hotel a sobredosis de pastillas. Lloré en su taxi. Él se detuvo, me preguntó si estaba bien, llamó a mi hermana. Hoy tengo 3 hijos. Existo porque él preguntó."
Otro hombre: "Acababa de perder mi negocio. Iba a tirarme de un edificio. Lloré en su taxi. Él me llevó a tomar un café. Hablamos 2 horas. Me dio 50,000 pesos que no tenía. 'Empiece de nuevo,' me dijo. Hoy tengo dos restaurantes."
Isabel reunió las 23 historias. Las publicó.
Don Jairo se volvió famoso. Invitaciones a programas de TV. Premios.
Él rechazó todo.
"No hice esto por reconocimiento. Lo hice porque mi hija no tuvo a nadie que preguntara. Yo no puedo traerla de vuelta. Pero puedo asegurarme de que otros tengan a alguien que pregunte."
Murió 2 años después. Infarto mientras manejaba su taxi.
En su funeral fueron más de 400 personas.
Muchas eran desconocidos para su familia.
Todos dijeron lo mismo: "Yo lloré en su taxi. Él me salvó."
Su taxi fue donado a un museo en Bogotá.
Adentro pusieron una placa: "En este taxi, Don Jairo decidió que ninguna lágrima sería ignorada. 23 vidas salvadas confirmadas. Quién sabe cuántas más."
Hoy, más de 1,200 taxistas en Colombia tienen una calcomanía en sus taxis: "Pacto Don Jairo - Si lloras, no pagas. Y pregunto si estás bien."
¿Cuándo fue la última vez que le preguntaste a alguien que llora si realmente está bien?
Juan Luis Guerra presenta una nueva versión de su emblemática canción ‘Estrellitas y Duendes’, ahora junto a la inconfundible voz de Sting. Una colaboración histórica que se siente tan mágica como la canción misma.
Hola, mi nombre es Jesús Martínez del Vas, y soy humorista gráfico e ilustrador. ¿Me ayudas a difundir mi trabajo? Por cada retuit, curas a un gatito y haces feliz a un unicornio. ¡Gracias!
Leelo q te vas a reír un rato...
Según la mayoría de los analistas de hoy en día, nuestros padres desde que nacimos han estado intentando matarnos.
Por lo visto hemos llegado a adultos por los pelos, ya que teniendo en cuenta que el gluten es malo, la lactosa es mala, los cereales y el pan blanco son veneno, el azúcar es lo mismo que el cianuro, la fructosa de los zumos te revienta por dentro y que las grasas son como resina para sellar las arterias, nosotros no deberíamos estar vivos.
Mirando hacia atrás, veo a mis padres.
Ahora veo su plan magistral para eliminarme.
Aquellos filetes con patatas fritas y el aceitillo de la sartén por encima eran por algo. Luego, al ver que me levantaba vivo por la mañana, lo volvían a intentar con un buen Colacao con una torre de galletas María unidas por una capa de mantequilla o margarina.
Como aquella fórmula no funcionaba, reforzaban con una merienda a base de ¡Pan blanco, con chocolate, chorizo foie gras!. (Entonces no había paté). A veces lo intentaban con más ahínco regando una rebanada de pan con vino y añadiéndole nada menos que azúcar blanco.
¿Se puede ser más asesino?
Los fines de semana entraban los extras y ya iban con todo: en el desayuno unos buenos sobaos pasiegos o unos churros, y, como tenían más tiempo para cocinar, me metían para comer una fabada con su choricillo, su capa de grasilla flotante y más pan para “mojar”.
De postre, para terminar con algo dulce, un arrocito con leche no podía faltar y si era verano el Miko Lápiz reglamentario.
En la cena podía caer un pollo asado con salsita para poder bañarse y de postre natillas.
Claramente eran unos psicópatas sin sentimientos.
Hicieron todo lo que pudieron, pero al final aguanté.
Lo más sorprendente, es que con esa alimentación, sin traumas ni alimentos prohibidos llegué a medir 1,83m.
¿A ver si el problema va a ser la actividad, la cantidad, la frecuencia, la variedad y el estilo de vida, entendidos míos?
Yo desde luego no me voy a subir al tren de alimentarme sólo de lechugas criadas en libertad y recogidas bajo la luna menguante del quinto ciclo de Júpiter en rotación con Saturno.
Nota: Lo de las abuelas ya ni os cuento. Aquello eran auténticas casas de tortura. Nunca habías comido suficiente.