No deseo que habiten en mí almas que avanzan sosteniendo el peso de la mentira sobre sus espaldas; prefiero la soledad antes que una verdad mancillada. ¿Pero quién no se ha mentido así mismo en estos tiempos?
Hay que reaccionar y no ser uno más.
Mis ojos, testigos de lo efímero y lo eterno,
han bebido del cáliz de las emociones:
de la tristeza que inclina el alma, de la soledad que la despoja, y de la euforia, breve fulgor de una alegría que no permanece…
Y heme aquí, de pie ante el vasto mundo, contemplando su forma y su ruido,
mientras me disuelvo en su indiferencia.
Porque soy mirada,
pero no reflejo.
Soy presencia,
y sin embargo,
para el mundo…
apenas un susurro sin nombre
Hermoso corazón, solo fuimos pasajeras, aves errantes fingiendo hogar en lo ajeno. En tu lecho no encontré abrigo, solo el eco de un amor reciente, aún latiendo en ruinas dentro de ti...