Si algo le pido a la vida es dominar el arte de decir que no. Y decirlo siempre con respeto: no puedo, no quiero, no sé, en este momento no estoy disponible, no me hace feliz. Y hacerlo sin culpa, sin miedo, cerrando los ojos y durmiendo en paz.
Despierto, abuso del libre albedrío. Soy la gota que derrama el vaso. Distruto de las consecuencias de mis acciones. Tiro la piedra y no escondo la mano. La vida es buena.
“Tú me dijiste que una vez que volvieras tendríamos la misma edad… y hoy cumplo la edad que tenías cuando te fuiste… y sería un excelente momento para que volvieras.”