No sé cuánto tiempo me quede por vivir, pero estoy segura de que el día que me toque partir recibiré todas esas flores que me hubiera encantado recibir en vida
me da pánico la fragilidad de los lazos humanos. Un malentendido, un orgullo herido, un mensaje sin responder. Y algo que tom�� años construir se desmorona en un segundo.
Qué atractivo es cuando alguien sabe comunicarse bien. No desaparece, te cuenta lo que hace, se disculpa si tarda en responder y no te deja adivinando nada. Eso que es tan básico, es lo que enamora y no cuesta nada.