En el deporte, como en la vida, hay que saber ganar y también saber perder.
Saber ganar sin humillar, sin arrogancia, entendiendo que la victoria no nos hace superiores.
Y saber perder sin excusas, sin rencor, con la humildad suficiente para reconocer al otro y aprender de la derrota.
Porque ganar revela mucho de nuestro talento, pero la forma en que ganamos y la manera en que enfrentamos una derrota revelan quiénes somos de verdad.
Al final, ni la victoria es eterna ni la derrota es definitiva. Lo que permanece es la clase con la que vivimos ambas.
Fede Valverde es Casemiro sin balón, Steven Gerrard en medio campo, Cristiano al espacio, Roberto Carlos en la frontal, Tavares en la pintura, Rafa Nadal en línea de fondo. Qué personaje. No he visto nada igual
El problema no comienza cuando alguien canta, sino cuando el protagonismo humano empieza a eclipsar la centralidad de Cristo. Cuando el ambiente se asemeja más a una experiencia emocional que a un acto de adoración.