La vibra de Venezuela ahorita me gusta porque es lo más realista y sensato en tantos años. No hay una ilusión fantasiosa sobre una libertad mágica, pero tampoco un pesimismo de "no va a pasar nada"
La sociedad está demasiado sexualizada. Se ha perdido la belleza del romance, de esperar, de apreciar detalles, de atesorar una conexión genuina.
Cuando se vive la sexualidad tan desmedida, pierde la magia, y es tan contraproducente como cuando era un tabú.
Empecé a ver Cosita Rica, me siento demasiado veneco. Me da demasiada buena energía e inspiración. Como fue una novela épica y que vi en mi infancia me trae nostalgia de esa época (2003). Pero verla ahora de adulto me permite apreciar más los diálogos, historias y personajes.