Me aburre la gente que me da la razón. Me gusta la gente que me cuestiona, que me da argumentos, que me aporta algo nuevo, que me ayuda a ser mejor, a crecer como persona y a pensar distinto, que me hace ver las partes de mí misma que a veces yo no puedo.
Me da pánico la fragilidad de los lazos humanos. Un malentendido, un orgullo herido, un mensaje sin responder. Y algo que tomó años construir se desmorona en un segundo.
Nuestra generación está tan convencida de que siempre habrá algo mejor, que terminó olvidando cómo cuidar lo que ya tiene. Se nos olvida que los vínculos no se encuentran, se construyen y se cuidan.
Cuando elijas un compañero de vida, piensa más allá del romance. Piensa en las conversaciones del desayuno, los momentos tranquilos después de un largo día, la forma en que manejan el estrés, el dinero, los errores y el crecimiento. Mira más allá de la química, mira el carácter.
Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia, pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie.
la parte más solitaria de superar algo es cuando por fin dejas de hablar del tema para no aburrir a tus amigos, y todo el mundo asume que ya estás bien, pero tú sigues teniendo la misma guerra en la cabeza en absoluto silencio