•Me presenté con un objetivo principal, superarme a mí misma y demostrarme que puedo muchas cosas. Por mucho tiempo me llenaron de "no podes", "no vas a llegar", "no sos nadie" y hoy puedo. No fui a ganar premios, sino a divertirme y mostrar lo que soy, hoy orgullosa de en quien
El deporte es una gran escuela para la salud mental. Nos enseña disciplina, paciencia, tolerancia a la frustración y trabajo en equipo. Pero también nos recuerda algo que muchas veces olvidamos: detrás de cada camiseta hay una persona y su familia, pareja, hijos, padres, amigos...
Vivimos una época en la que el error parece imperdonable. ¿No se equivocan uds ? Antes un futbolista se equivocaba y recibía el murmullo de la tribuna y nada mas . Hoy, además, carga con miles de comentarios en las redes sociales. El partido termina, pero la condena continúa durante días. El celular se transforma en una tribuna que nunca se vacía y permite el hate a toda hora para que la gente se descargue...
Criticar un rendimiento forma parte del deporte. Humillar a una persona es otra cosa. Hay una diferencia enorme entre decir: "Hoy jugó mal" y decir: "No sirve para nada". En el primer caso se evalúa un desempeño. En el segundo se hiere la identidad de la persona, ojo al gol. Muslera no es Muslera, Rochet no es rochet, es la idealización , la proyección que hacemos nosotros, No le estamos hablando a la persona en particular. ojala los jugadores aprendan a separar esto por su propia salud mental.
Como psicólogo me preocupa que estemos perdiendo la capacidad de separar el error de la persona. Todos nos equivocamos. Un médico, un docente, un periodista, un padre, un psicólogo. También un arquero. Sin embargo, pareciera que algunos errores públicos habilitan una especie de linchamiento colectivo donde desaparece la compasión.
Pero hay otro aspecto del que hablamos poco: la masculinidad. Durante décadas les enseñamos a los varones que un hombre fuerte no llora, no duda, no muestra miedo y, sobre todo, no pide ayuda. En el deporte esa exigencia suele ser todavía mayor. El mensaje es claro: "aguantá", "bancátela", "no aflojés". Como si sentir fuera una señal de debilidad.
Y ese mandato tiene un costo muy alto. Muchos hombres llegan tarde a la consulta psicológica. Algunos recién hablan cuando la ansiedad ya no los deja dormir, cuando la depresión les quitó las ganas de vivir o cuando el cuerpo empieza a expresar lo que las palabras callaron durante años.
Los deportistas no están exentos de esta realidad. También sienten angustia, miedo, vergüenza y soledad. La diferencia es que muchas veces deben hacerlo frente a millones de personas. Por eso, cuando un futbolista reconoce que está sufriendo o decide pedir ayuda, no está dando una muestra de fragilidad. Está dando una muestra de valentía. Quizás esa sea una de las formas más maduras de fortaleza.
Necesitamos cambiar el modelo de masculinidad que admira al hombre que soporta todo en silencio y empezar a valorar al hombre que puede reconocer sus límites, hablar de lo que le pasa y dejarse ayudar. La salud mental no distingue entre campeones y amateurs. Todos necesitamos, alguna vez, que alguien nos escuche.
La fortaleza mental no consiste en no sufrir. Consiste en no quedarse solo con el sufrimiento.
Quizás el verdadero desafío no sea formar deportistas que nunca fallen. Eso es imposible. El desafío es formar personas capaces de perder sin destruirse y espectadores capaces de criticar sin destruir al otro.
Porque el deporte debería sacar lo mejor de nosotros. Y eso también incluye aprender que pedir ayuda no nos hace menos hombres; nos hace más humanos. #saludmental #deporte