El presidente no tiene idea de las responsabilidades que implican su cargo. Nunca la tuvo. Y no aprendió. Lo demostró en su discurso.
No me refiero a cuestiones de fondo, sino a las de forma, que suelen ser tan importantes como las primeras.
No respeta a los argentinos, no respeta a la oposición, y tampoco respeta su investidura. Hasta parece que no se respeta a sí mismo.
Su grosería, su vulgaridad y sus agresiones son incompatibles con el cargo que ocupa. Al presidente le falta educación, pero no de la formal. Le falta clase, categoría; no en el frívolo sentido social, sino en un sentido espiritual.
Verlo no solo preocupa, sino que da vergüenza ajena. Lo mismo causaban los aplausos.
"Estoy hace 13 años y nunca había visto a un país reaccionar de esta manera, gracias".
Los tripulantes del barco del Schmidt Ocean Institute impactados por la manija de los argentinos.
Estos dos CEOs (casados con otras personas) fueron al show de Coldplay, los agarró la cámara gigante y las redes hicieron lo suyo. Instant karma no, lo que sigue.