«Tú fuiste quien, ardiendo,
creaste en un susurro
las conchas de mi oído,
el diestro y el siniestro.
Tú quien, meciendo la cortina
en el mojado cuenco de la boca,
me plantaste la voz
que te llamaba a gritos»
JB
"La vida, a la que,
como algo regalado, no le miran la boca,
en cada encuentro muestra desnudos los dientes.
De todo hombre siempre os queda una parte de oración.
De hecho una parte. Parte de la oración".
Joseph Brodsky
Todos los perros murieron.
En el cuaderno no quedó
una sola página sin escribir.
La foto del hijo que no vio
morir a sus perros.
"Al menos eso", pensó,
pero el consuelo magro
apenas demoró el llanto.
La otra foto, la del esposo,
la del padre, el hombre
que se fue todas las vidas.