Iba a odiarte, pero entendí que tu peor castigo eres tú. Arrastras tus miserias a cada vínculo; mientes hasta perderte, cambias de versión según te convenga.
Dices "amar" sin saber quererte ni tü mismo, hablas de exclusividad sin entenderla y de lealtad sin practicarla.
Arruinas todo lo que tocas, y eso ya es suficiente porque la vida te odio primero.