❝ No necesito que nadie se manche las manos de sangre por mí, no soy de las que les da miedo mancharse sus propias manos. ❞
Ni se molesta en mirarle toma su taza y le da un pequeño sorbo a su taza, no lo conoce por lo que mantiene la guardia bien alta.
¿Té...? Qué elegante para alguien que ha manchado tantas manos con sangre.
-Sonrió, lento, ladeado, como un depredador que no siente miedo, solo interés morboso.-
Pero supongo que hasta las espinas necesitan su momento de reposo… antes de volver a perforar.