Estos días me la pasé leyendo sobre la Sagrada Familia y la verdad, todo es ABURRIDÍSIMO. Así que aprovecho y les tiro información arquitectónica que probablemente no sabían de este edificio 🧵
Llegamos a la fila y calculamos: estamos a menos de 30 cuadras. Pensamos que no es tanto. El día es gris junio, pero no hace frío. Esto ya es Sarandí, aunque venimos pateando desde Barracas. En el transcurso nos cruzamos con dos pibes que andaban en la nuestra. Vienen del norte. “Don Torcuato, amigo. Un re viaje. El bondi nos dejó en La Boca, nada que ver. Un gil, el chofer. Nos dijo cualquier cosa”, cuenta Pablito KM 30 Boca, como pidió más tarde que lo agendemos. Está con su amigo. No recuerdo el nombre, pero sí que son apenas las 5 y media de la tarde y ya patina unas cuantas palabras. Los dos van con camisetas de Argentina.
El paso es lento, muy lento, pero nadie se apura. Peregrinación hacia el velorio. Las piernas no se quejan… por ahora. Vuela el humo de las parrillas y se impregna en el aire. Cada cuadra es superada en aproximadamente media hora. En esos tramos cantamos lo que suena desde el estéreo de un auto estacionado a un costado. La música se va por un rato. Ahora vuelve, pero esta vez desde un puesto donde una señora vende hamburguesas. Suenan los primeros acordes e instantáneamente reconocemos el tema. Intro larga. Arranca.
Banderas en tu corazón,
¡yo quiero verlas!
Ondeando, luzca el sol o no.
Los ojos se cristalizan, se inundan.
Dylan es jodón, tiene 20 años. Viene haciendo chistes en la fila hace una hora. Camina junto a un amigo, Maxi. Son de Lanús. Nos dijimos un par de palabras y enseguida pegamos onda. Después hablamos con un tipo al que nunca le preguntamos el nombre. Lo bautizamos Larralde. Camina junto con su esposa. Son de Avellaneda. Tiene 46 años y trata de inculcarnos a José Larralde y Jorge Cafrune. No es peronista y por eso mismo lo charla otro tipo que sostenía una sombrilla bien alta para apaciguar la caída de la lluvia. Quiere convencerlo. Al rato, con Dylan, entonamos la marcha. Prende. Cantamos varios. Vemos que Larralde se suma a una parte. Nos reímos. Miramos al de la sombrilla. “Ya gané un voto”.
La caminata ahora se hace pesada. Hace 9 horas que aguardamos para entrar. Nadie sale a sentarse, nadie se queja. Todo es en paz. En el medio nos empapamos con la lluvia. Le gente que vende -y que entiende de economía- ofrece pilotos y paraguas. Otros pasan con café. El nylon de las camperas se pega en la cara, en los brazos. Algunos se protegen atándose sus banderas. La calle está embarrada y el agua se mete en los pies. Con cada paso se escuchan chasquidos de las zapatillas cuando pisan el asfalto mojado. La masa que peregrina es ahora una multitud encapuchada. Priman los colores oscuros. Se diferencian los amarillos, los naranjas o los celestes. Son las 3 de la madrugada. En un ratito entramos.
Cuando llegamos al acceso final antes de ingresar vemos el despliegue de los bomberos. Todos están parados a nuestra altura, salvo uno, que mira desde arriba. Está subido a un canasto de basura. Su pierna izquierda, rígida y recta, le sirve de apoyo y se ubica dentro de ese canasto, mientras que la otra está flexionada y es en la que descansa su brazo derecho. Sabemos que esto es un velorio, pero se siente como si estuviéramos por vivir un recital. Un último recital. Por eso cantamos. El bombero nos escucha, pero no nos mira. “¡Dale, che, vos sos uno de nosotros!”, le grita un señor de unos 50 años. El bombero se ríe y vuelve a mirar al horizonte, en dirección de la marea humana. Mueve los labios despacio, sin separarlos mucho.
Los Redondos es un sentimiento,
no se explica, se lleva bien adentro.
Por eso, te sigo a donde sea.
Soy Redondo hasta que me muera.
Mañana comenzará el Mundial, y muchos estarán atentos a los partidos. El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida. #ViajeApostólico
🐘😅 Un bebé elefante se vuelve viral tras intentar «atacar» a unos turistas durante un safari en Sudáfrica
💥 El pequeño corrió hacia el vehículo intentando parecer feroz, aunque muchos en redes no pudieron evitar verlo como una escena tan tierna como divertida
En Roma se celebra la fiesta de Pentecostés con una tradición bellísima y particular.
El Panteón de Agripa se llena de pétalos de rosa a través de su característico óculo, simulando el descenso del Espíritu Santo.
El protagonista inesperado de la final de Europa League.
Antes del partido entre Aston Villa y Freiburg, apareció el famoso gato del Besiktas, que dicen que es el mismo que fue protagonista de un partido entre Bayern y el club turco en 2018.
Dicen que el gato se metió dentro del estadio y vive allí. Dejó de ser callejero y vive en las instalaciones del Besiktas como si fuera propietario. La gente del club, lejos de echarlo, lo adoptó y hoy se llevó todos los focos de las cámaras.
Bu akşam UEFA Avrupa Ligi finali İstanbul’da oynanacak. Freiburg mu kazanacak, Aston Villa mı kupayı kaldıracak göreceğiz.
Ama daha maç başlamadan dünyanın ilgisini çeken yine bir futbolcu değil, Beşiktaş Stadı’nın meşhur kedisi oldu.
Ve açık söyleyeyim… Bence bu çok şey anlatıyor. Anlayana...
Anlamayana da kimsenin şüphesi olmasın, anlayana kadar bıkmadan usanmadan anlatmaya devam edeceğiz.
Çünkü o kedi sıradan bir sokak kedisi değil. O statta yaşayan, taraftarın tanıdığı, maçları saha kenarından izleyen, stadın ruhuna dönüşmüş bir canlı.
Birçok ülkede böyle bir durumda hayvanı stattan çıkarmaya çalışırlar. Bizde ise insanlar onu sahiplenmiş.
Fotoğrafını çekmiş.
Sevmiş.
Kabullenmiş.
İstanbul’un olayı tam da bu zaten.
Bu şehir bazen kaotiktir, bazen yorucudur, bazen çılgındır… Ama içinde hala vicdan vardır. Dahası insanlık vardır ve henüz ölmememiştir.
Dünyanın en büyük futbol organizasyonlarından biri için gözler bu akşam İstanbul’da olacak. Ve milyonlarca insan farkında olmadan yine bizim kedilerimizi izleyecek.
Belki kupa unutulacak. Ama o saha kenarında sakince oturan kedi unutulmayacak.
Çünkü bu ülkenin gerçek reklamını milyonlar harcanan turizm filmleri değil, bedavaya kediler yapıyor.
Önemli Not: Yazıya konu olan kedi, gerçek bir Ankara Kedisi’dir.
Evet… Tüyleri beyaz değil. Gözleri mavi değil.
Ama olması da gerekmiyor.
Çünkü Ankara Kedisi bir renk kataloğu değil, bu coğrafyanın genetik hafızasıdır.
Konu tartışmaya açık değil. Sadece yıllardır yanlış anlatıldı, yanlış anlaşıldı...