La lealtad no hace ruido. No promete, no presume, no negocia. Está ahí cuando todo se cae, cuando ya no queda nada bonito que mirar. Es la mano que no suelta, incluso cuando tú eres el que tiembla.
Madurar es darse cuenta de que, a veces, como adulto, tienes que decidir “Esta es la última vez que estas personas me van a hacer sentir así” y mantenerlo. Ya sea la familia, una relación o una amistad.
El glow-up más infravalorado es la inteligencia emocional, cuando dejas de reaccionar a todo, dejas de necesitar validación y empiezas a proteger tu paz, toda tu vida cambia.