La culpa es del centro por haber criticado el nombramiento de Juliana y por escarbarle la hoja de vida.
La culpa es del centro por no haber aceptado acríticamente la reforma a la salud y haberlos obligado a tratralos de nazis y mandaderos de las EPS.
La culpa es del centro, que se quejó por las cuentas que no cuadraban en la UNGRD y no se conformó con que llevaran el agua a la Guajira con bicicletas con bidones.
La culpa es del Centro que se quejó con las indelicadezas de Laurita y de Armando, semejantes nimiedades.
La culpa es del centro que no entendió que las prácticas son irrelevantes cuando las ideas son las correctas...
Y yo, maestro, colombiano de nacimiento, hago este perfil del inepto y mediocre Gustavo Petro:
Un tercio de Chávez, por su inclinación a convertir cada dificultad en una conspiración y cada crítica en un ataque al pueblo; un tercio de López Obrador, por sus largas disertaciones diarias contra periodistas, empresarios y contradictores; y un tercio de Alberto Fernández, por la distancia creciente entre el relato épico de la transformación y los resultados concretos de gobierno.
Todo ello acompañado de una inagotable capacidad para atribuir los problemas a enemigos externos y los éxitos exclusivamente a sí mismo.
Duraron cuatro años diciéndonos que Petro era el mejor presidente. Hoy hacen campaña asegurando que Cepeda no se parece a Petro. Entonces, ¿en qué quedamos? Si Petro fue tan bueno, ¿por qué ahora presentan como virtud que su candidato sea distinto?
No les sale una.
-Voten por Cepeda, somos la campaña que se la juega por la vida, la educación y el medio ambiente
-Y si no queremos?
-Pues los prendemos a puñaladas, salimos a bloquear las calles, quemamos los cais y destruimos todo.
Dicen que se la juegan por la vida, pero durante cuatro años fueron incapaces de alzar la voz para denunciar las cientos de masacres, el asesinato de líderes sociales y el abandono estatal. La indignación selectiva no es humanidad; es oportunismo político.
Creo que al presidente @petrogustavo le convenía más quedarse callado sobre el tema. No se excusó sino se justificó. Lo redujo a una "estupidez" por falta de conocimientos comunicacionales al no poner contexto al tuit en el que hace referencia al nazismo.
¡Un error con megáfono mundial!
Dice Juan David Correa durante la introducción del más reciente episodio de su podcast:
“Me he detenido a escuchar, esta semana, los argumentos en contra [de Cepeda] de sectores que considero inteligentes y pensantes…”
Correa refleja uno de los problemas que tengo con quienes se autodenominan “progresistas”. Esa tendencia arrogante a calificar a algunos votantes como “inteligentes y pensantes”, mientras otros por sustracción, no lo son.
¿Quién le da el derecho a Correa a calificar a los votantes?
A mí no me gustó a quien eligieron los colombianos en 2018, ni en 2022, ni quién será elegido en 2026 y no por llevar 12 años perdiendo me pongo a calificar a los votantes con adjetivos que les menosprecian.
Las reglas de la democracia son claras y toca respetarlas y así mismo a los conciudadanos que ejercen su derecho en las urnas.
Qué miedo: ADLE quiere reducir el gasto público. Ya no vamos a poder tener bodegueros, masajistas para las primeras damas, delegaciones numerosas e innecesarias, tarimas para cada delirio presidencial, viáticos suntuosos ni películas en las que el presidente pueda actuar.
Me río de todos los que dicen que Abelardo es el riesgo para la institucionalidad, cuando por primera vez en la historia un presidente se manda a autosuspender para poder salir a hacerle campaña a su candidato.
No me jodan.
No lograré entender por qué tanta gente brillante y que admiro, ve oratoria donde yo veo verborrea, dialéctica donde veo charlatanería, liderazgo donde veo torpeza y resentimiento. Se me fueron 4 años y solo vi un orate irresponsable con evidentes problemas de salud mental.
Todos sabemos que Iván Cepeda Sl va con la constituyente!🇨🇴
¡LA TIENE ESCRITA 25 VECES EN SU PLAN DE GOBIERNO!.
¿O es que lo va a cambiar a estas horas del partido?
De verdad nos creen PENDEJOS!
Complicidad con la corrupción, deterioro del orden público y el sistema de salud, ataques virulentos a personas e instituciones, banderas de guerra a muerte. 100% culpa de Petro.
Si Petro hubiera sido como Lula el petrismo dura 20 años. Lula saca petróleo a dos manos y recibe inversión extranjera a lo bestia. Pero aquí toda la izquierda es un combo de poetas resentidos.
No se engañen gente, si Cepeda hubiese salido primero en la primera vuelta no estarían retirando ninguna constituyente ni acercándose a nadie, seguirían disfrutando del presupuesto estatal mientras se burlan del resto.
Durante cuatro años no hubo marchas por la ciencia, la investigación, la calidad educativa ni la corrupción en títulos express. Pero hoy reaparece el “movimiento estudiantil” para hacer política partidista y blindar a un gobierno que les falló a los jóvenes.
Petro se quitó la máscara.
Petro nunca fue un demócrata. Lo era de boca, mientras la institucionalidad lo obligaba a fingir. Pero ante su derrota electoral en primera vuelta, dejó de fingir.
El primer acto fue el domingo a las 8 de la noche. En su condición de presidente de la República, Petro declaró públicamente que no aceptaba el preconteo: acusó a la Registraduría de manipular el software “en tres oportunidades”, inventó la existencia de 800.000 cédulas fantasma, y anunció que solo reconocería los resultados que él considerara legítimos. Un jefe de Estado no descalifica al árbitro electoral en vivo, sin pruebas, antes de que termine la jornada. Para sospechas de fraude existen testigos electorales, recursos ante el CNE, denuncias ante la Fiscalía. Petro saltó toda esa institucionalidad y se dirigió a la opinión pública para minar el resultado antes de que existiera. Es la conducta exacta del autócrata clásico, que solo reconoce las elecciones que gana.
El segundo acto vino hoy lunes, confirmada la derrota de Cepeda en primera vuelta. En un tweet largo y desordenado, Petro abandonó toda ficción de neutralidad institucional. Llamó al rival “fascismo mafioso” y usó la palabra “holocausto” cinco veces. Acusó, sin prueba, una compra masiva de votos a 150.000 pesos. Advirtió que las Fuerzas Armadas se preparaban para “deshonrar el uniforme”. Insultó a la familia del rival como “squifos italianos”. Equiparó una eventual derrota con un magnicidio: “encarcelar, que en realidad significa asesinar al dirigente”. Y cerró con cinco palabras que enterraron la ficción restante: “yo mismo me pondré al frente”. Después de un fallo del Consejo de Estado que le ordenó callarse, el presidente de la República anunció en público que dirigiría personalmente la campaña de Cepeda. Es flagrantemente ilegal. Lo dijo de frente porque ya no le importa fingir.
Nada de esto debería sorprender. Es el mismo Petro al que Héctor Abad describió hace años, citando a su amigo Carlos Gaviria Díaz, expresidente del Polo Democrático y constitucionalista insobornable: “Petro cambiaba las actas del Polo, en la noche, para poner lo que no se había resuelto. Un tramposo”. Veinte años después, ya no son actas internas en penumbra, son actas electorales en vivo. La técnica es la misma, pero la escala es nueva.
Faltan tres semanas hasta la segunda vuelta. Tres semanas con un presidente que no acepta al árbitro, que no acepta al adversario y que se declaró jefe operativo de la campaña desde el cargo. La respuesta institucional ha sido la de siempre: la Comisión de Acusaciones duerme, el procurador finge sorpresa, la Fiscalía mira para otro lado. Cada día sin pronunciamiento es un día de validación tácita. Petro se quitó la máscara. Si las instituciones no se ponen la suya (la del deber jurídico de actuar), lo que está en juego ya no es una elección, sino si Colombia sigue siendo una democracia o entra, por primera vez en su historia republicana, en la categoría de los países donde el presidente decide qué resultados acepta.