Después de 31 años, por fin me he dado cuenta de que, como hombre, nunca hay que quedarse en casa. Es la mejor cura contra la depresión. Sal, haz amigos y crea nuevos vínculos. El trabajo de un hombre es enfrentarse al mundo, asumir riesgos y abrazar las dificultades.
Tú no puedes andar por ahí diciéndole a todo el mundo “Dios te bendiga” y ser una persona cruel, chismosa, humillante y manipuladora. Eso no es fe, eso es cinismo con etiqueta religiosa.