17 camionetas blindadas custodiando a Rubén Rocha, más todo un despliegue de la Marina y la Guardia Nacional cercando Palacio de Gobierno en Sinaloa para proteger al Gobernador.
Esa era la protección que merecía un héroe como Carlos Manzo.
No un mafioso como Rocha Moya.
La utopía perfecta sería aquella en que las dependencias de gobierno tuvieran estándares de servicio y atención como el sector privado, en la que la productividad y resultados de los colaboradores fuera evaluada y considerada para sus puestos de trabajo.