En tan sólo cuatro días, los españoles han sufrido:
- La violación de dos marroquíes a un joven en un parque de Pamplona.
- El apuñalamiento por la espalda a un camarero por otro marroquí en Málaga.
- La violación de un marroquí a una enferma terminal tras colarse en la habitación de cuidados paliativos de Ibiza.
- El asesinato de un joven valenciano de una brutal paliza de otro inmigrante marroquí en Zaragoza.
- La violación de otro marroquí a una niña con autismo en el baño de un kebab de Alicante.
Ésta es la gente que nos dicen que viene a integrarse y a la que debemos acoger.
Intento de decapitación de un vecino de Belfast por parte de un inmigrante. Las calles están, literalmente, ardiendo. Los dirigentes europeos son quienes han declarado la guerra a sus habitantes. Y algunos siguen sin entenderlo.
Irlanda puede ser el inicio de una revuelta en toda Europa contra las políticas migratorias y el secuestro de nuestra soberanía. Los europeos nos negamos a perder nuestra patria, nuestra seguridad, nuestra cultura y nuestra religión. Es el legado de nuestros ancestros.
¡Duro!
Que un proyecto sea éticamente superior no significa que se pueda realizar materialmente con un resultado ético aceptable.
Eso pasa con la inmigración.
Acoger, abrir los brazos, ser solidario: una postura éticamente superior. Pero que los "acogidos" terminen en condiciones materialmente nefastas, en infraviviendas, o trabajando en régimen abominable, o pidiendo en la calle, o compitiendo por las ayudas sociales con españoles pobres, como finalmente ocurre, es una realización material del proyecto éticamente superior que resulta éticamente inaceptable.
Este es el problema. Mucha gente parece que no se entera. Se quedan en el principio ético del proyecto (y se desentienden de la realización) o se recrean en la realización (y se desentienden del proyecto).