Chicas. Yo hace tiempo, por una denuncia que fui a poner a un acosador, el perito me dijo que lo mejor que podía hacerme para pillarle es vulnerar mi imagen fakeandolas con IA o como fuera.
Básicamente me dijo que el hecho de que te desnuden y lo suban y vulneren así tu imagen es uno de los delitos más tochos que pueden hacerte por internet. Por encima del acoso verbal. Y era un perito de leyes de internet. O sea, saber, sabe.
Si veis que alguien ya sea cuenta anónima o no os hace algo así, denunciadlo a la policía. Al menos en España se ponen rápidamente las pilas a pedir datos y los acaban pillando así sean anónimos. Y para gente de México por ejemplo tienen entre España y México un convenio en el que se les puede denunciar también desde España. Así como otros países que no recuerdo.
No perdonen.
Lo de los tíos usando la IA para desnudar mujeres es otro ejemplo de terror del patriarcado. No se conforman con ver contenido de mujeres que lo comparten voluntariamente, no, tienen que desnudar a la mujer que ellos quieren, sin su consentimiento, porque pueden. Dais puto pánico
La gente que opina sobre los combates de la velada del año como si fueran expertos en boxeo sin haber visto más de 5 veladas en su vida, tienen un superpoder que han decidido utilizar para el mal.
A mí si me parece bonito, la verdad
Lo suyo sería irse directamente, por supuesto, pero estamos donde estamos y mucha gente (por desconocimiento o porque solo les ha llegado la información terriblemente sesgada a través de toda la propaganda israelí) pueden no ser conscientes de la situación
Si se toma la decisión unilateral de pirarse, siendo algo tan emblemático el puto concurso de mierda, sería muy fácil alienar a todo ese segmento de la población... lo dejas en bandeja de plata para que vengan con discursos de mierda a retorcer la situación la gente a la que quieres poner en evidencia
En un mundo ideal lo suyo habría sido no ir, no participar en el enésimo ejercicio de blanqueo a una panda de animales genocidas, pero estando aquí igual es mejor ser de las pocas voces que haciendo acto de presencia se oponga activamente
No sé
El día del fin del mundo comí sushi. Se fue la luz de casa (eso creía yo) poco antes de salir a una comida de trabajo. Creí que sería en el edificio. Al llegar a la avenida vi que no funcionaban los semáforos y que era algo más general, pero no sabía cuánto. En Atocha sí que funcionaban (imagino que por unos minutos), pero poco a poco iba quedando claro que algo gordo pasaba: internet, conversaciones al vuelo («España y Portugal...»). Apagué el podcast que estaba oyendo, desconecté el Bluetooth y puse el móvil en modo ahorro. Comí sushi con un fotógrafo con el que comparto proyecto en una terraza al sol, con raro ambiente de domingo de agosto. Extrañísimo. Pero llevaba efectivo encima, el restaurante servía (sólo sushi y bebidas) y había una mesa libre. La gente estaba nerviosa y tranquila la vez. Seguían oyéndose cosas («Media Europa», «nucleares»...). Había algo relajadamente festivo e inquieto en el ambiente, al menos donde comí. El comportamiento a mi alrededor, en la caminata de una hora y allí mismo, fue, incluso en las grandes avenidas —antes espesas, detenidas ya—, enormemente cívico y colaborador; también los conductores hacia los peatones. Había —y había muy pronto— muchos agentes de movilidad urbana ordenando la situación, algunos en vaqueros y con chaleco reflectante. Vi cosas bonitas al andar. Un coche (un Mini particular) aparcado con las ventanas bajadas y la radio alta, para que la gente pudiera estar informada. Gente a quien le funcionaba el teléfono y se lo ofrecía a otra, por si podía conectar con sus hijos o con quien fuera. Mientras cruzaba la Castellana, le di las gracias a un municipal que regulaba el trafico y sentí el agradecimiento con que recibía y devolvía algo tan simple. Siempre he sostenido que la sociedad civil española es cojonuda, muy superior a la clase política. Es casi emocionante, en lo puramente técnico, cómo puede resolverse algo así; cuántas cosas funcionan cada día; cuánta gente sabe lo que hay que hacer y lo hace, y lo hace bien. No sé qué pasaría en tres días de apagón, o en quince, con el miedo y la carestía, pero oyes a ingenieros explicando los protocolos y resulta admirable cómo está todo previsto para que todo marche y cómo regresa a su lugar en unas horas, sin grandes dramas ni destrozos. No es una situación de supervivencia, claro, fueron menos de doce horas (aunque de apagón total), y, en todo caso, no hablo de eso, sino de cómo marchan las cosas porque la gente hace lo que le toca, vote a quien vote, piense lo que piense.
Mientras cruzaba el Retiro, lo clausuraron sin avisar. Al llegar a Mariano de Cavia, ya habían cerrado todas las puertas y tuve que salir por Atocha, desandando mucho, así que caminé bastante, sin incidentes. En casa no hubo electricidad ni conexión de ninguna clase hasta casi las 23:30, pero tenía una radio a pilas y estuve informado. Como tenía el ordenador cargado, hasta pude trabajar en el borrador del artículo del sábado, que entrego el miércoles. No abrí el congelador, por si acaso, y la nevera una vez, para sacar rápidamente una ensalada y unos yogures, que cené con unos frutos secos mientras aún quedaba un resto de luz, aunque tenía linterna. Cuando volvió la electricidad, estaba ya casi dormido, me despertaron las luces que habían quedado encendidas.
El fin del mundo me tocó en un día bueno: primero, en la calle y sin coche, y luego en casa, sin viajes ni entrevistas, sin reuniones, un raro día sin apenas agenda externa, salvo esa comida, que fue agradable y productiva y en la que todo el mundo estuvo bien: los clientes, las camareras, el cocinero, la dueña... Todo el mundo era consciente de la situación y colaboraba. Somos un país bastante civilizado, creo yo.
Otros habrán vivido otras cosas, no digo que se posaran pájaros azules en los techos de los coches, pero personalmente viví una reacción —al menos ante mis ojos— muy cívica.
Y lo más importante: el sushi estaba bien.
@Anujbost Anuj, que el pavo no es nazi es evidente. Que lo que hace, no una sino dos veces, es el saludo nazi también es evidente. Lo podrá resignificar como le de la gana y solo él sabrá por qué coño lo ha hecho, pero si de todos los gestos posibles ha decidido hacer ese es por algo.
Además de los puntos de recogida en super o cuentas para donaciones me pasan este mapa con gente ofreciendo ayuda y gente que necesita ayuda concreta para que podamos colaborar.
https://t.co/IcQaM5z3f0
Vosotros sois muy jóvenes y no lo recordaréis, pero la última vez que alguien del gobierno declaró el Estado de Alarma para que no se muriera la gente por una pandemia mortal, la oposición dijo que vivíamos en una dictadura y no pararon hasta declararlo ilegal.
Aqui el amigo @gisbert_ruben viendo que está poco manchado para entrar en la tv, se tira al suelo de rodillas para mancharse más. Felicidades @cuatro, @mediasetcom@navedelmisterio, no teneis vergüenza