Besos locos, absurdos, ocultos... maravillosos...
Llenos de todo pero sabiendo a poco.
Besos que son vicios.
Debajo de las sábanas o a la vuelta de cualquier esquina.
Malditos besos.
León, España.
A Tomás dejaron de gustarle los cumpleaños el día que nadie se dio cuenta.
No fue un abandono.
No fue una traición clara.
Fue algo peor: normalidad.
Cumplía sesenta y dos. Bajó a comprar pan temprano, como siempre. La panadera le sonrió. Le preguntó por el tiempo. Nada más.
En casa no sonó el teléfono.
No llegó ningún mensaje.
Ni siquiera uno tarde.
Su mujer había muerto tres años antes.
Sus hijos vivían en otras ciudades.
No estaban enfadados.
Simplemente ocupados.
Tomás pasó el día ordenando cosas que no urgían. Cajones viejos. Papeles sin valor. Fotografías que ya no dolían, pero tampoco consolaban.
Por la tarde se dio cuenta de la fecha al ver el calendario.
No sintió tristeza inmediata.
Sintió vergüenza.
Vergüenza de haber esperado algo.
Desde entonces, cada año hacía lo mismo:
ese día salía temprano, caminaba sin rumbo, comía fuera, volvía tarde.
No quería felicitaciones.
Pero tampoco quería comprobar si esta vez alguien se acordaba.
En el barrio lo conocían como “el hombre puntual”.
Siempre a la misma hora.
Siempre la misma ruta.
Siempre la misma chaqueta.
Un año, una vecina nueva, Clara, coincidió con él varias veces en el portal.
—¿Siempre sale tan temprano? —preguntó una mañana.
—Hoy sí —respondió Tomás.
—¿Hoy es especial?
Tomás dudó.
—No —dijo—. Hoy es un día que prefiero no pasar en casa.
Clara no preguntó más.
Semanas después, coincidieron otra vez.
—Mañana tampoco lo veré, ¿no? —dijo ella con media sonrisa.
Tomás la miró sorprendido.
—¿Cómo lo sabe?
—Porque mañana es martes —respondió—. Y los martes camina más despacio.
Tomás no supo qué decir.
A la mañana siguiente salió como siempre. Caminó hasta el río Bernesga. Se sentó en un banco.
Al rato, alguien se sentó a su lado.
Era Clara.
—No vengo a felicitar —dijo—. Vengo a acompañar.
Tomás tragó saliva.
—No hace falta.
—Ya lo sé —respondió ella—. Por eso vine.
No hablaron del cumpleaños.
Hablaron del frío.
Del barrio.
De cosas sin importancia.
Antes de irse, Clara dijo:
—No tiene que celebrarlo. Pero tampoco tiene que esconderlo.
Tomás asintió sin prometer nada.
Ese año volvió a casa más temprano.
No hubo tarta.
No hubo velas.
No hubo llamadas.
Pero dejó el calendario abierto.
Al año siguiente, hizo algo distinto:
no salió.
Se quedó en casa.
Preparó café.
Abrió la ventana.
A media mañana sonó el timbre.
Era Clara.
Con una bolsa pequeña.
—No es una fiesta —dijo—. Es pan recién hecho. Y silencio compartido.
Tomás sonrió por primera vez en años ese día.
No celebró su cumpleaños.
Pero dejó de huir de él.
Y entendió algo que nadie suele decir:
Hay personas que no odian cumplir años.
Odian darse cuenta de que el mundo siguió… sin marcar la fecha.
Desde entonces, Tomás no celebra.
Pero tampoco se esconde.
Y eso, para él, ya es una forma discreta de volver a estar.
A veces me gustaría escribir más lo que pienso. Soltar al viento ciertos pensamientos que me rondan la cabeza y que, al no hacerlo, a veces enquistan y se transforman en miedos, pero cuando estoy a su lado todos esos nubarrones desaparecen y se me olvida que iba a escribir.
Lujos de verdad:
1. Tener vecinos tranquilos
2. No necesitar el coche para todo
3. Poder dormir las horas que quieres
4. Leer sin límite
5. Reír a carcajada limpia
6. Cocinar a tus seres queridos
7. Llegar tranquilamente a final de mes
8. Decir que no sin dar explicaciones
9. Cuidar la salud sin obsesión
10. Tener conversaciones profundas
Pensé que despidieron al tipo que más fraudes y suplantaciones de identidad hacía en el trabajo, pero lo que pasó es que se ha sacado las oposiciones a policía.
Te duele la espalda, no duermes bien, llevas los dientes apretados hasta cuando sueñas, te despiertas con el pecho en tensión y te dices “será el café”. No, colega. Es el curro.
Me decía hoy una compañera de trabajo que siempre me ve sonriendo, que si no tengo problemas en la vida. Y claro que tengo, pero los vamos capeando como se puede. Siempre de frente.